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··········Una película extraña por lo infrecuente de su tema: una visión presuntamente histórica de Jesucristo, por fuera de una mirada religiosa. Pero lo que destaca es una calidad bastante deficiente; tiene el aspecto de un programa de televisión barato. La iluminación es plana, la ambientación cutre. Los actores me resultan patéticos, especialmente el Cristo, un formalmente guapo (en plan Sandokán), con perpetuo gesto de almorranas, quien pasa inopinadamente de hablar normalmente a gritarle a todo el mundo –incluso cuando son mensajes presuntamente pacíficos, bienpensantes, o motivadores. Realmente hace pensar en hemorroides o úlcera de estómago, y convierte en más difícil el papel de quienes tienen que seguirle transidos de emoción y fe. Pero no es sólo eso, sino la factura en general de la peli.

··········Pese a esa mala calidad, hay algo que consigue enervarme más. Vamos a ver, si quieres contar una historia tantas veces contada, y quieres acogerte a las investigaciones históricas no religiosas, ¿qué sentido tiene estar a cada momento tomando un pasaje de los evangelios para reinterpretarlo? La cuestión es: sobre una variedad de movimientos históricos, de clases, de pueblos, de estructuras sociales, surge una religión que reelabora la judía con un relato poderoso, a varias voces bastante coherentes, y que pasa a funcionar como todas, entrando en conflicto con las preexistentes según los movimientos sociales que la promueven o la proscriben. Si es de eso de lo que quieres hablar, de la presunta existencia histórica de un tipo que se proclamó mesías de los judios, ¿por qué has de narrar como cierto el sermón de la montaña, cambiándolo de ubicación geográfica; por qué la multiplicación de panes y peces para dejarla en un reparto; por qué la consagración para sustituirla en una suerte de brindis, las bodas de Canáa, la última cena –de trece comensales-, el beso de Judas Iscariote -¡traficante de armas: espadas!, andar sobre las aguas, …? Al final, lo que construyes es un evangelio apócrifo: “sí, sí, todo eso pasó, pero fue con ligeros cambios que lo convierten en menos místico y más cotidiano”. Para ese viaje, vayas alforjas.

··········El colmo de este contar es usar un diálogo entre un Lucas evangelista ciego (que como testigo no está mal) y un Juan. El primero es consciente de que está construyendo un relato que glorifique, emocione, se articule bien con otros anteriores y sea un buen instrumento de proselitismo; mientras que ese Juan, quien ha vivido con Jesús el proceso de su vida pública, discute continuamente que eso no es la verdad. Vale, supongamos que nos quedamos en una discusión entre dos evangelistas, pero ¡quiá!, como una broma final, Lucas le encarga a un ricitos que le sirve de transcriptor que él se constituya en el cuarto evangelista firmando como… Juan. Entonces, si todo es inventado por estos escritores, ¿a qué viene que cada suceso tenga una referencia en la vida real (hubo panes y peces, hubo una última cena, Judas acabó ahorcado y un beso hubo, …) si pasamos del verdadero Juan y su conocimiento de la historia real? Por no hablar de problemas temporales, como un Juan vivo en época de Lucas, con Pablo escribiendo hace rato a los corintios, etc.

··········Vamos, que mucha voluntad histórica no le veo, sino un intento de decir: “hombre, cuando los evangelios hablan de resucitar a una niña, es que muerta muerta no estaba”. Tampoco recuerdo yo muy bien lo que le leí a Puente Ojea en su día sobre los esenios y sus rebeliones, pero esto que me cuentan aquí de los macabeos me resulta también un poco confuso, porque no sé si les define una posición social, la pertenencia a una tribu, o la simple condición de místicos que esperan una cita con los ángeles para darles boleta a los romanos (pero que a la vez se han pasado a una lucha armada peor montada que la del Ché en Bolivia). Y como otra confusión más, Jesús es el Nazareno por ser de Nazaret, ¿no?, pues aquí nazarí viene a ser como una categoría mágica que exige no fornicar y vestir de blanco, y no un gentilicio.

··········La música: una curiosa mezcla de barroco y de saetas flamencas.

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