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··········Me resulta un poco sorprendente que los que hacen la cartelera de los medios llamen a ésta “comedia”, e incluso “comedia romántica”. A mí me parece una buena historia de maduración que, vista a tantos quilómetros de Kazajstán, es también una peli etnográfica. Es cierto que los personajes tienden a resultar agradables y a provocar alguna sonrisa incluso por motivos diferentes a la diferencia de costumbres con nuestra vida, pero no me parece que sea una comedia.

··········En cuanto a documental etnográfico, la peli resulta muy interesante. Se juega mucho con el contraste de lo nuevo / lo viejo, lo kazajo / lo occidental. De hecho, lo primero que se ve es una manada de camellos en movimiento que, al desplazarse, hace que veamos un vehículo todoterreno; también, niña y mujer de la peli cantarán con frecuencia (y de forma bastante terrible) canciones locales (que el subtitulador ha decidido que no nos interesan), mientras que el resto de la música es Bonney M. cantando que en los ríos de Babilonia etcétera. Pero ese juego de contrastes no oculta la vida real cotidiana, y de esto hay bastante: qué se come, cómo duerme e interactúa una familia en una yurta comunal, a qué juegan los niños, cuál es la ropa de trabajo, cuáles las obligaciones de cada quién, cómo se trata con los animales, con el patrón, con el buhonero. En fin, que con tener un poco de curiosidad antropológica ya se disfrutaría de la película.

··········Pero también la historia me parece interesante. Es una historia de sustitución o depuración de un sueño, una perspectiva vital por parte del protagonista (y es una idea muy buena, quizás simplemente cierta, que cada quien en la armada soviética lleve su sueño dibujado cargando sobre sus espaldas), que se halla en la encrucijada de no ser realmente un pastor nómada kazajo, sino un marinero ruso de Sajalin, nada menos, tan lejos de Kazajstán como éste de España. No sé si mi mal oído acierta, pero yo diría incluso que este hombre habla en ruso y no en kazajo cuando lo hace con su hermana. Pues bien, en una historia con un desarrollo dramático bastante diferente al habitual en Hollywood, el héroe dudará una y otra vez en mantener su sueño (y es hermoso también ver cómo el enamoramiento puede ser simplemente un suceso psicológico irracional que surge por ser funcional para organizar la vida social y económica), y en los diez minutos últimos hará dos requiebros y quedará orientado en una dirección sin que sepamos si ésta le hará feliz o si será constante en ella. Pero, la vida misma, el proceso de maduración ha funcionado y él va a enfrentarse al resto de su vida sin el infantil bastón de un sueño dibujado.

··········Aparte de que las imágenes son hermosas sin ser preciosistas (más allá de algún paisaje apabullante o una meteorología impresionante), transmitiendo muy bien un ambiente de polvo, sudor, olor animal, …, la cámara me parece que se mueve muy bien, está siempre siguiendo la acción, decidiendo en cada momento a quién del grupo sigue, pero sin convertirse en un personaje, sino como movida por nuestra curiosidad. Durante toda la película, pero la escena del parto es un magnífico ejemplo: el alumbramiento es real, el actor se enfrenta realmente a él aprendiendo lo que ha de hacer y la cámara somos nosotros, dando brincos en torno, mirando como niños ansiosos.

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