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··········Nuevamente, habrá quien me dé un capón, pero esta peli de Melville me parece insuficiente como adaptación del relato de Cocteau, y a la vez tampoco me gusta del todo como película.

··········Hay que reconocer que el texto de Cocteau es tan literario que convertirlo en cine no es fácil, pero escoger una mirada –digamos- casi naturalista para algo que es casi un cuento, no me parece apropiado. De hecho, la opción de poner al propio Cocteau como voz en off leyendo trozos de su novela hace aún más chirriante el contraste con una actuación casi a la italiana. Los diálogos, entonces, sobre todo en la primera mitad resultan profundamente inverosímiles (especialmente en el tono en que se dicen, más que en los textos, que a veces sí tienen la volubilidad de las conversaciones de niños… aunque éstos no son ya casi ni adolescentes). Un ejemplo, a ver si me explico mejor: ¿no es el tesoro que acumulan los dos hermanos algo lo bastante poético, intenso, desvelador de lo especiales que son?, ¿no lo es su habitación?; pues la cámara se niega a detallar, a iluminar con cuidado esos objetos, muebles, ropas: se ve lo que pueda verse en cada escena, sólo porque está ahí.

··········Me parece pues como dos películas puesta una sobre otra, una literaria, poética, extravagante y otra un tanto neorrealista, popular, gritona. Y quizás una tecera, Vivaldi y Bach a todo trapo.

··········Aparte de eso, contado de esta manera, los hermanos, especialmente el chico, más que un enfant terrible es un insoportable petimetre diletante. Y la historia acaba siendo al final un melodrama sobre dos amores cruzados donde la pasión fraterna (que me parece más posesiva que incestuosa) contamina y destruye a quienes se acercan, embelesados por esa gracia terrible de los hermanos que, ya digo, yo no acabo de ver en la peli.

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