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··········En esto de contar una historia emotiva e intensa (incluso si como dicen es un homenaje filial), no vale cualquier cosa. Y la sensación que me da esta peli es como si, recogidos los elementos necesarios (guerra civil, niño sin madre, familia muerta, resistencia, miedo, hambre, música de esa de mucho sentimiento) ya no hubiera necesidad de pensar en el armazón de la historia para conseguir transmitir emoción.

··········A mí, al menos, la sensación de chapuza argumental me distancia bastante. La total inverosimilitud de elementos cruciales de la historia le dan un artificiosidad que impide que me meta en la historia. ¿Franco en un pueblo de provincias, en un teatrillo de mala muerte, ¡para ver un espectáculo de varietés!?, amoshombrenomejodas. Leo que la gente lo asocia a “Inglorious bastards” de Tarantino, cuando es obvio que se trata más bien de “To be or not to be” de Lubitsch, cómicos al fin, “si me pincháis, ¿no sangro?”. Pero en fin, lo del atentado al generalisísísímo no es más que la culminación de una serie de despropósitos, como el ejército, en 1940, haciendo labores de comprobación de documentos ¡e infiltración!, en la más pequeña y arrastrada compañía de cómicos. O los continuos desplantes del prota ante gente armada y poderosa (que el giro argumental posterior no acaba de solucionar) que quedan sistemáticamente impunes. O la falta de explicación sobre cuál es la necesidad de que el protagonista esté en el complot, qué papel tiene que hacer él. O por qué la policía (vaya, el ejército en esta historia) no puede detener un tren en Badajoz, que parece que es el avión que vuela de Casablanca a Lisboa.

··········Pero es que esos absurdos se complementan con descuidos continuos en los pequeños momentos y gestos de la trama. Por decir ejemplos: en 1940 un actor muerto de hambre no enciende un cigarrillo y acto seguido lo tira, eso sólo de James Dean hacia acá; o un niño que sale por piernas de un teatro para huír a la carrera, muerto de miedo, no se duerme a continuación en el coche sólo para que Lluís Homar le acune en sus brazos; o, algo más simple, no puedes filmar a un niño gritándole por favor al maquinista que pare el tren haciéndole mirar hacia arriba-derecha ¡si está en el vagón de cola!, o cómo el falsificador de pasaportes (que los hace en un par de horitas, el fiera de él) les dice que no se sienten juntos, si se supone que son familia. En fin.

··········Dicho lo anterior, los actores sostienen la peli como pueden. Los personajes de Arias y Homar tienen interés y patetismo. Al pobre chaval, eso sí (el crío de “La educación de las hadas”), me le tienen cohibido para que no le robe escenas a nadie.

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