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Festival Internacional de Cine de Gijón. Sección: Enfants terribles

··········Es uno de esos sucesos reales en que un sujeto llega a su centro académico armado y liquida a unas cuantas personas, antes de que se mate o le puedan parar. Lo peculiar es que sucede en la tranquila Canadá y en zona francófona.

··········Pero hay otra peculiaridad más importantes. Se trata de un crimen, de una serie de crímenes, de carácter sexista. El joven asesino sólo mata mujeres (feministas, viragos para él). Tiene una construcción mental que queda muy clara en lo que es su oposición a las políticas igualitaristas o de discriminación positiva hacia las mujeres. Pero queda menos claro el porqué de su percepción como víctima, personalmente, de esas políticas. Hay un vago “llevo años que no me pasa nada bueno”, que hace pensar en problemas de relaciones personales. Esto de explicar al criminal es en principio lo interesante de estas historias, que va desde el intento serio de Moore en “Bowling for Columbine” a la vaciedad esteticista del “Elephant” de Gus Van Sant. Aquí no se llega demasiado lejos en la explicación.

··········Pero quizás es porque la película busca otra cosa: qué ha pasado con los supervivientes. Un joven y una joven a los que vemos tiempo después, atravesados por las consecuencias de la hecatombe. Tampoco es que haya mucho desarrollo ni sutilezas, porque casi todo el metraje es una competente, aunque alargada, descripción del ataque, los tiros, los gritos, las huídas, la negra sangre. En un blanco y negro sin demasiado carácter.

··········En fin, al peli está bien, aunque me deja una sensación de insuficiencia. Toma una postura de defensa de esas medidas de origen feminista (hay una entrevista de trabajo paradigmática) pero en la que, a la postre, el varón considera que era su deber –por razón de género- proteger a la hembra.