Zinemaldia 2009. Sección Zabaltegi

··········La muerte súbita de la madre en una familia noruega, pone al padre en tal situación anímica, que entrega a su chaval de doce años a los servicios sociales. Realmente, un argumento así no es fácil, porque cuesta ver cómo, a través de unas pocas escenas, él llega a sentirse incapaz de mantener la casa en pie y, sobre todo, de resistir el dolor de la pérdida. Todo ello, muy a la nórdica, sin expresar demasiado los sentimientos.

··········El chaval, a su vez, y el actor lo hace magníficamente, se contiene porque tampoco se le dan muchas puertas para dejar salir sus sentimientos. A la vez, es una película sobre los servicios sociales noruegos. Envidiables, pero de una profesionalidad fría. En el coloquio, uno de los actores dice que en su opinión, en algún modo, la existencia de esos servicios sociales satisfactorios ha ido retrayendo la percepción de obligaciones personales hacia la familia en la sociedad noruega.

··········La peli, por lo demás, funciona muy bien. Apenas al final hay alguna inconsistencia (a las pocas horas de un paro cardiaco e intoxicación de morfina, el enfermo anda corriendo por la calle y puede sujetar a un mozo de doce años). Pero el trabajo de los actores, el padre y sobre todo el hijo, consiguen mantener la emoción, sin expresarla ellos demasiado.

·········Es curiosa la reacción psicológica de autodestrucción en la que se entra a veces como forma de mitigar un dolor ingobernable. Como un animal herido que, en lugar de encogerse y protegerse del siguiente golpe arremete en enfrentamientos en los que solamente puede salir escaldado.