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··········Acostumbrado a lo lucidas que suelen ser las películas coreanas que llegan a estrenarse en la villa, ésta me iba pareciendo al principio un poco telefilme. La historia se iba deslizando poco a poco con sosería, sin aportar demasiada información, sin mostrar nada muy sustantivo.

··········Luego la película se transforma en una historia sobre la gestión del duelo (del duelo más terrible, seguramente: muerte de un hijo) por parte de la mujer protagonista. Gana mucho en interés, aunque me parece que entra en un ritmo extraño, un tanto ciclotímico, lo que no deja de corresponderse con su estado, pero que da lugar a la sensación de que la peli podría seguir más allá o acabarse antes.

··········Si visualmente no dice mucho, los dos personajes principales se van volviendo interesantes. El tipo campechano, vagamente inmoral pero solícito y bienintencionado muchas veces y la protagonista, a quien se empieza a entender un poco a raíz de la visita de su hermano, cuando se colige que –hubiera sido o no un amor intenso- su matrimonio tuvo un alto coste familiar que la ha dejado desasistida de un núcleo de amparo.

··········El tema más tratado me parece muy interesante (e infrecuente) aunque ya digo que no me parece en conjunto una película muy redonda: ¿cómo funciona el consuelo que da la religión –en este caso el cristianismo- ante la pérdida, la muerte inesperada de un inocente? Al no ser la protagonista una persona religiosa, su acercamiento a –si no la fe- las instituciones o ritos de una iglesia, permite ver el recorrido del autoengaño, del consuelo que se encuentra donde sea simplemente porque la psiqué exige encontrar ese consuelo. Es significativo que a la pregunta obvia de “¿por qué un Dios omnipotente permite la muerte cruel de un inocente?”, los religiosos sólo le responden “él lo sabe todo”, “él te ama”, …

··········La ruptura con la iglesia de nuestra doliente es también una idea interesante: cuando ella decide ir a perdonar al asesino, éste le dice que él ha encontrado a Dios, que está arrepentido, y que sabe que Él le ama y le perdona. La indignación de ella (pero entonces, ¿cómo es que funciona esto?) me parece desveladora de lo complejo –y bastante disfuncional- que es el sistema de la culpa y el perdón en el cristianismo; y de cómo ha ido perdiendo su carácter de acto de reconciliación civil (y por tanto de su utilidad como función social) para quedarse en un acto personal e íntimo que sólo da solución al problema del culpable y no a la víctima.

··········Vaya, que será una película bastante interesante para quienes tengan estos temas mejor pensados que yo.