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··········La verdad es que si uno tuviera pretensión alguna de neutralidad, debería poner verde este documental. Vaya desorden, vaya mezcla de estilos, vaya propaganda, vaya infantilismo, vaya chapucillas (claquetas, jirafas de sonido, encuadres, )… Pero no lo voy a hacer, porque con todo y con eso, me resulta bastante interesante.

··········El tema del que habla el título, y que se desarrolla un poco al principio en una conversación con Fidel Castro, era el que más me interesaba, pero desaparece o se queda en la superficie: ¿era necesaria la guerra?, ¿por qué Fidel y el resto de los del asalto al cuartel de la Moncada son amnistiados?, ¿cuál era la situación en esos años de la dictadura de Batista?, ¿había o no una vía electoral?, ¿y una laboral / sindical?, ¿por qué se elige la guerra?, ¿es válida frente a cualquier tiranía o, como en el concepto jurídico de “legítima defensa” ha de ser proporcional? Siempre que se empuña un arma, siempre que se mata, hay que hacerse antes muchas preguntas, y me fastidia un poco que se me hurten esos debates (sociales o íntimos) en las mitologías de las revoluciones.

··········Pero, en fin, lo poco que se cuenta de la situación política es instructivo. Casi todo el metraje está dedicado a los trabajos y preparaciones en Méjico del colectivo que embarcaría en el Gramma e iniciaría la guerra de guerrillas en Sierra Maestra. Aunque se convierte en una especie de viaje hagiográfico (aquí vivimos, aquí se vieron por primera vez el Ché y Castro, aquí hacíamos las prácticas de tiro, por esta vereda bajamos a embarcar en el yate, etc.), lo que tiene de reencuentro con las personas mejicanas que estuvieron apoyándoles de mil formas, resulta entrañable (aunque algunos encuentros se queden en lo anecdótico). Es una pena que no sale –probablemente ya muerto cuando se rueda el documental- un oficial del ejército repúblicano español que les dio clase de temas militares.

··········Es lo que tienen los cubanos. Ves la rotulación del documental, y de tan infantil, de tan pedagógica a la altura de pioneros, resulta simpática. O el tema del culto al líder, de la manera que tienen todos de hablar de Fidel, no es a la coreana o a la estalinista, sino que a todos les resulta simpático el tipo, aparte de lo de líder inmarcesible (casi literalmente, porque este hombre no se marchita ni en chándal; por cierto, conservo una foto suya de la prensa, de una reunión con Bachelet: viste sudadera de Adidas y pantalones de Niké, hay que joderse con las esencias).

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