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··········Al contrario que lo que he escrito poco antes, esta otra peli es la prueba de que una mirada atenta es capaz de encontrar historia. Claro que entre los mil quinientos vecinos de este tremendo edificio de Montevideo tenía que haber algún orate, un par de esotéricos, unos cuantos artistas… Pero quienes han filmado esta película han encontrado el interés en ésos y en otros, de vidas aparentemente más vulgares. Y eso no son casualidades, seguro, sino un trabajo de atención y montaje para pillar trocitos de frases (“a mi las cucarachas me ponen paranoico”), miradas (como las tan diferentes de la abuela al nieto politizados y viceversa), sentimientos (alguna mirada en el quitarse la palabra de la boca de la pareja de bailarines), …

··········En fin, en cada minuto de los cien de este largometraje estoy interesado. Cierto que yo tengo una relación intensa con las casas, entendidas como espacios con vanos, escaleras, esquinas, vistas, movimientos… una relación tanto en sueño como en vigilia (y de eso este edificio tiene para dar y tomar), pero también para otras personas esta película será interesante. Se elige contar de una manera –es casi un tópico, pero aquí bien cierto- que no juzga a la multitud de vecinos con los que se habla, y eso genera una bonhomía, una suerte de cariño natural hacia el ser humano.

··········Por cierto, qué bien habla casi todo el mundo. Cierto que, salvo un chico de trece años, todos los que hablan no cumplen ya los cuarenta y cinco o cincuenta, y por tanto son los que disfrutaron ese famoso sistema educativo público uruguayo.

··········Qué buen principio y qué buen final. La cámara sigue a la carrera a un técnico de mantenimiento escaleras abajo, que va murmurando algo así como “esto es grave” –ha habido una rotura de las cañerías de agua del Palacio Salvo- y que, inevitablemente, uno asocia a un conejo con sombrero consultando su reloj mientras acompañamos a Alicia hasta un mundo de normas rarísimas, como el Salvo. Y me gusta que sólo al final, la cámara sale a la calle y muestra el edificio, sólo cuando sabemos la vida que hay dentro tiene verdadero sentido una mirada arquitectónica.

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