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··········Estaba yo enojándome conforme veía la peli, porque, vendida como comedia no me hacía ninguna gracia. Tampoco funcionaba como película melancólica sobre que bonita fue la infancia y cinemaparadiso y tal. ¿Qué era esto?

··········Pero en fin, sean las mareas, el cambio de la luna o las ondas electromagnéticas, de pronto empezó a parecerme simpática. Sólo eso; seguía sin sacarme más allá de un par de sonrisas y seguía sin pasar gran cosa. Pero los dos hermanos protagonistas, el niño de seis o siete y la chica de dieciocho o así, empezaban a jugar con la suerte, a intentar cambiarla con provocaciones o trucos.

··········Sólo el crío, cuyo actor resulta muy natural, decide ser consecuente y hacer que la suerte se vuelva de su lado, sin grandes maniobras o engaños -no es un chaval grande- pero con pequeños trucos, como el que le ha costado descubrir para conseguir hacer salir a las palomas de su jaula. Él tiene interés en recuperar a su padre. Ella, sin embargo, se entrega al destino, incluso hay que empujarla para que vuelva a pedir otra entrevista de trabajo tras llegar tarde. Ella no sabe que también tiene interés en recuperar a su padre, aunque le pueda más el reproche por su abandono.

··········En fin, que al final le encontré un interés y lo que me parecía pobreza, pasó a ser minimalismo. Así es uno; a estas alturas, qué le vamos a hacer.