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··········Tengo yo un par de problemas con esta peli. El primero es el tono, la forma de contar la historia, que me parece la forma típica de intelectual hispanoamericano. Es un tópico, claro, pero es lo que tienen los tópicos, que son mentiras muy cómodas para explicarse. Es algo así como una renuncia a la naturalidad, películas pobladas de miradas y largos silencios. Es cierto que en este caso miradas y silencios derivan también de la trama pero, … es la sensación de asistir más a una tesis que a una historia. Tampoco es algo exagerado –era mucho peor hace veinte años-, pero ahí está (como estaba también en “Madeinusa”).

··········El segundo problema tiene más que ver con mi incompetencia. Se supone que la película cuenta un viaje del miedo a la libertad, y sucede que yo no acabo de discernir cuáles de los sucesos de la trama son los que provocan ese cambio (y digo que soy yo, en primera persona, porque a la película la premian y alaban quienes mucho saben). Algún suceso que se cuenta como catártico (el abandono en la calle de la protagonista tras unos comentarios cruzados sobre la autoría de una obra –la SGAE, por todas partes ella-) para mí debería provocar un retroceso y sin embargo parece que es un avance hacia la superación del mal interior de esta mujer.

··········En todo caso, y a salvo de que creo que a mucha gente no le entraría cómodamente por lo que intentaba frustradamente explicar en el primer párrafo, a mí me resulta una película muy interesante. Por la historia en sí: la transmisión del miedo entre generaciones (aquí explicada mediante una enfermedad, esto es, un mal), la lucha por la memoria colectiva (aunque sea un cantar –o más bien un narrar con tono- en un idioma propio, resistente al castellano de los blancos), la necesidad de no ocultar lo sucedido (aunque sea manteniendo un cadáver sin enterrar, impidiendo incluso que se oculte bajo una cama, asegurándose de que no se olvide lo que sucedió allí donde sucedió).

··········Pero también por muchos elementos colaterales. La verdad es que pocas veces he visto que funcione en cine el realismo mágico importado de la literatura. Sin embargo aquí (creo que quizás por centrarse más en el anverso realista de manera que el reverso mágico nos llegue a un nivel perceptivo menos intelectual) hay muchos elementos hermosos y significativos de ese estilo: la muerta no inhumada, claro, pero también la patata como mecanismo antiviolación, las escaleras que trepan el cerro, incluso toda la parafernalia kitsch de la compañía de celebración de bodas, una ritualización de la felicidad allí donde ésta resulta más difícil.

··········Aparte de eso, la originalidad en estos tiempos de que la cámara no esté en manos de un parkinsoniano; y que por dura que se ponga la trama nadie tira al suelo todos los objetos que haya sobre una mesa: aquí se tira un piano por un ventanal; las cosas, a lo grande.