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··········Por esas casualidades de la cartelera, poco después de “Entre les murs”, la Filmo programa ésta, tan interesante en lo que se refiere a preguntas sobre la educación o más en general sobre socialización.

··········Quizás por la época, 1969, al ser una película, digamos, de tesis, falta como una voluntad de hacer un producto atractivo. No es que esté mal filmada (la fotografía Néstor Almendros, nada menos), pero hay una lejanía de la cámara, una falta de cuidados estéticos, que ahora resulta curiosa. El actor que interpreta al chaval, sin embargo, es magnífico para ser un crío de doce años (aunque por lo que veo en imdb sólo actuó como secundario en otra peli).

··········El proceso educativo del salvaje de Aveyron se usa no sólo para hablar del aprendizaje intelectual, sino también del despertar de la afectividad, de habilidades sociales y, sobre todo, lo que hace más interesante la película, es lo que dice sobre los adultos, sobre lo que el sistema espera de la socialización del salvaje. Algunos momentos son paradigmáticos, como el disgusto del educador porque no consigue que Victor pida la leche, sino que sólo pronuncia la palabra cuando la ha recibido, como agradecimiento. Él, como ilustrado, espera que el idioma sirva al pequeño, que lo use para garantizar su supervivencia.

··········También resulta curioso que el chico deba ser protegido de los ya socializados por ser diferente.

··········La vuelta de Victor a la casa del profesor, celebrada por éste como la victoria del proceso de socialización (aunque también lo es de los lazos afectivos creados y de la satisfacción confortable de necesidades básicas), es a la vez la derrota de quien era Victor. Y en eso consiste la educación.