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··········Funciona con el mismo esquema que las dos anteriores (“Lock, stock & two smoking barrels” y “Snatch. Cerdos y diamantes”). Y yo me río tanto como en aquéllas. No me parece exactamente igual de buena; uno de los valores de estas películas es el enredo, un guión en el que todo se va encajando, los personajes van convergiendo unos sobre otros, las historias se van superponiendo aumentando las catástrofes que sufren los sujetos. Pero en este caso me da más sensación de forzamiento que en las dos anteriores, donde todo funcionaba como un mecanismo. Aquí, sin embargo, para que la cosa funcione hace falta que unos sujetos decidan mover siete millones de euros en metálicos, y sin una protección razonable.

··········Aparte de eso, hay un agujero al final sobre la recuperación del cuadro (o bien ya no quedaban minutos para explicarla).

··········Además del humor, sobre todo británico, irónico, pero a la vez de catástrofes y golpes, en tono Tarantino (aunque quizás sea al revés, éste en tono Ritchie) hay otras cosas interesantes. En cuanto a la historia, la visión de la promoción inmobiliaria y su vínculo con los poderes públicos urbanísticos como –simplemente- un escalón más de la delincuencia organizada.

··········Y en cuanto a las formas, una música que (no siendo precisamente de mi estilo preferido) es completamente apropiada y, sobre todo, un montaje genial. No sé si todo el tiempo, pero en los tramos en que se resume una historia, con un taraceado de planos veloz, pero muy comprensible, un goteo de instantes significativos que te dan una visión general.

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