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··········¿Me ha pasado algo a mí desde que vi y disfruté “Honor de cavalleria”?, ¿o realmente son tan distintas aquélla y ésta? Una de las cosas que me ha sucedido es que he leído algunos  comentarios del autor, encantado de ser tan listo y los demás tan tontos, que se compadecen mal con lo que yo aprecio de cierto experimentalismo. Si éste se cruza con la vanidad, la sensación que me provoca es de pedantería.

··········Esta película renuncia a ser una experiencia visualmente agradable. Incluso parajes hermosísimos son voluntariamente difuminados, oscurecidos. El pase por televisión (o la venta en DVD) son casi imposibles, porque en las condiciones de tamaño y luminosidad de una pantalla doméstica, durante una buena cantidad de minutos no se va a ver nada. Con el sonido, se opta no por el silencio, o el sonido directo de campo, mar o desierto, sino por mantener además de fondo un ruido continuo que parece del aparato registrador.

··········Y qué decir de la historia. El tema, ciertamente, no me vuelve loco, aunque sí recuerdo haber disfrutado hace tiempo con una novela de Tournier sobre los Reyes Magos. Pero, lejos de atender a los momentos cotidianos, de contar la historia de lo banal, del día a día, como se hacía en “Honor de Cavalleria” con Don Quijote y Sancho, aquí no se construyen personajes. Todo se limita a que una cámara aburrida mire a unos tipos aburridos (lo más interesante que dicen es sobre si subirse a una nube es peligroso o se sujetarían si hay parte del agua helada), que no se sabe por qué deciden ir a visitar a un niño (ni la más mínima mención por parte de ellos a que sea un Mesías, un esperado) a una casa en ruinas donde hay un San José, más cerca de la depresión que del aburrimiento (y que al contrario que el resto no habla en catalán sino en ¿hebreo?, ¿arameo?), una madre virgen y un corderito.

··········En fin, que yo no suelo precisar que me den masticadas las cosas para pasarlo bien en el cine, pero aquí tengo la molesta sensación de estar masticando aire caliente.