Etiquetas

,

··········Una cosa que me sorprende mucho de esta película, es que Greenpeace me avisara de su estreno, o incluso de un preestreno patrocinado o algo así. A mí me parece que ideológicamente es una película muy confusa. Cierto que habla de una oposición casi individual a una central eléctrica contaminante (como todas, pero parece que ésta más de la media), pero, vamos, con una falta de seriedad pasmosa.

··········En primer lugar, la visión del comportamiento del ecologista. Por una parte, sale el no profesional, un campesino que vive al lado de la Central y tiene una vieja cuenta con ella. Pero este tipo (el pobre Bugallo, tan eficiente como secundario en tantas pelis) es un querulante, que es tenido por loco no sólo por sus vecinos, sino por el propio guión. Cierto que se supone que debe despertar la ternura del espectador, pero no es una imagen positiva –la de loco entrañable- de quien se entrenta al capital por defender la salud del planeta. Por otra parte, salen unos ecologistas profesionales que son patéticos, una mocedad de uniforme reivindicativo (piercings, pañuelos palestinos, pantalones obélix, pelos fritos), de cuyo cuello cuelgan instrumentos de percusión y que carecen (ellos, no los instrumentos) de otra función en la trama que la de hacer ruido y aplaudir.

··········En segundo lugar, nos tratan como tontos al hacernos ver que si para la central, zás, se va la luz en el valle. No es que lo cuenten como metáfora (la película es berzorrealista, no está para un lenguaje metafórico), sino como un suceso normal y obvio: para la central y se va el fluido eléctrico; se relanzan los motores o las calderas de la central y (ni dos segundos) se encienden las bombillas que quedaron prendidas. En fin, parece el simcity. Aparte de eso, la central para en un momento dado, y los muchos obreros que salen de ella no saben por qué, se relanza y tampoco.

··········No se desarrolla lo que podría tener interés en la película, el enfrentamiento de un vecino con mentalidad ecológica con el resto, forzados por sus necesidades económicas, en plan “Un enemigo del pueblo”; un tema muy interesante, y muy propio para situarlo en Asturias. Sólo hay un vecino que represente a los dependientes económicamente de la central, y el guión se ocupa de pisar ese problema con dos historias personales, una con el querulante y otra genital. De manera que el enfrentamiento parece tener cualquier otro motivo antes que el que me interesa.

··········Por lo demás, cumple esa definición chusca del cine español (y me gustaría poder decir que falsa): un montón de entidades públicas financiando y un polvo venga o no a cuento. Una factura pobretona, sin emoción ni cuidado. Me queda la broma del minero prejubilado golfista con su lacoste y el ingenio para proteger a un cerezo de la lluvia ácida.

Anuncios