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Les gai cine Madrid 2008

··········Me sorprende un poco esta película en un festival, aunque la verdad es que además de en éste ha sido proyectada también en el de Barcelona. No sé si es que no encuentran suficientes películas de temática homosexual. Lo digo porque el tono, la factura, es de telefilm de tarde de domingo en televisión. También puede ser que yo soporte con dificultad ese tipo de cine en que pasa siempre lo que tiene que pasar, la gente habla con frases mil veces dichas y hasta la gesticulación es previsible. El personaje principal aquí, un periodista deportivo es prototípico de teleserie yanqui (aunque esta peli es anglocanadiense).

··········Dentro de esa sensación general de ser más de lo de siempre (y además, en película con niños, lo que le pone un tanto más de almíbar a las tortitas), no deja de haber un par de temas que me parecen interesantes, aunque no siempre esté de acuerdo con lo que la película cuenta sobre ellos. La trama consiste en que, por haber muerto su madre repentinamente, un niño es entregado por los servicios sociales, hasta que venga del extranjero su tío y tutor legal, a otro pariente, soltero, y que vive en relación homosexual con otro tipo.

··········El primer tema interesante son los estereotipos con los que operamos casi todos (incluida la pareja gay de la película) a la hora de detectar y de poner en uso los modelos de socialización en cuanto a masculinidad que utiliza la sociedad para formar a sus chicos. En esta película no se usa un deporte cualquiera, sino uno especialmente violento, hockey sobre hielo, pero las charlas de vestuario recuerdan a, por ejemplo, el lema que usa la selección española de fútbol: “a por ellos (oé)”.

··········Pero me interesa más cómo la película esquiva las razones del niño protagonista para adquirir un rol de género. Me aclaro: cuando esta pareja recibe al chaval (que es niño-niño, impúber), éste resulta tener el aspecto de una loca, con cremas y afeites, bisutería, marabúes, peluquería, musicales, … Esto dispara las alarmas en la pareja: hay que evitar que el chico acabe siendo gay (aunque ninguno de los dos es afeminado, afectado ni muestra pluma), pero a la vez hay que respetarle. Esa tensión es la que va haciendo avanzar la trama, junto con el acercamiento del día en que el niño deba ser entregado al tutor legal (que es un tipo presentado como despreciable). En esa tensión el niño, con esa inteligencia natural que tienen los críos para gustar a quienes les cuidan, toma también un papel, que es el de virilizarse pasando por los estereotipos apropiados. Y, recordemos que funciona como un telefilm yanqui, la historia fluye hacia una catarsis (navideña y con la gente de etiqueta, claro), en la que, frente a un drama terrible (la despedida del niño que se va con el malo), el miembro de la pareja que peor lo pasa con el amaneramiento del niño (y con su propia homosexualidad, más o menos competentemente ocultada), cede y se pasa a respetar lo natural en el crío, a devolverle su maquillaje y pulseritas. Lo curioso es que no se plantee que esa manera de ser del niño es tan aprendida, tan buscada en aras a ser querido por quienes le cuidan, como la de la masculinización que nos han contado; si ante la problemática de vivir con una pareja que no quiere que se note su homosexualidad, el niño aprende a evitar su afectación (porque qué homosexualidad va a haber en un preadolescente), ¿no adquirió ésta para vivir con su madre, en un hogar sin padre y con un fuerte aislamiento social -¡hasta lee libros en vez de ver televisión, el muy depravado!- por la drogadicción de ella?. O sea, que hay que respetar la primera estrategia de supervivencia del chaval, pero no la segunda.

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