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··········Hay veces que parece que haciendo una película militante, que hable de lo que se debe, la técnica ya no es importante. A mí ésta me resulta muy decepcionante, aunque haya en ella gente que se lo toma en serio.

··········Pero todo es un batiburrillo, todo. La música está llena de Haendel un tanto fuera de lugar en muchas escenas, pero además, ópera de Glük, para luego en las carreras ante los grises meter algo yanqui gritón de mucha electricidad y percusión. La manera de narrar, mezclando algo, muy poco, de documental, con la historia dramatizada de unos hechos, con una narración clásica, y con una bastante insoportable recitación que mezcla un texto medieval sobre algún monarca con nuestro pequeño generalito golpista; caótico.

··········Pero más caótica aún me resulta la historia. No sé realmente de qué me quieren hablar (supongo que eso corresponde a esas frases publicitarias del tipo un fresco sobre la represión), si del chaval torturado y desaparecido, si de una chica que realmente no sabemos qué relación tiene con él (porque no parece pertenecer a la misma célula del PCE), si de otros miembros de la célula, si de unos jovencitos que están haciendo un documental (de quienes y de cuyo trabajo tampoco nos dirán nada), si del profesor, si de la constancia de la abuela del desaparecido… Todo con cambios temporales, con representaciones de lo que está contando alguien a los documentalistas.

··········La historia llega además a ser bastante confusa en algunos aspectos. Yo al menos no entiendo qué hace que el profesor se convierta, por dos veces, en clochard en París, cuando parece haber tenido cierto amparo de compañeros y cuando puede volver a España y cuando no sabemos de nada distinto a su expulsión que le haya afectado (¿enamoramiento de Ingrid Rubio, de esos de al cuarto de hora?). Todos los interrogatorios sobre Guillermo me resultan especialmente confusos, cuando el profesor, con una novela delante firmada bajo ese nombre niega serlo; yo creo que cualquiera como el profesor, sin mucho que ocultar, habría hablado como loco, contando la verdad, para dejar claro que no tiene que ver su pseudónimo con un nombre de clandestinidad, quién en su juicio usaría como nombre clandestino el que se sabe que usa como escritor de prensa de quiosco. Y luego, las conversaciones con el policía responsable de las torturas (¿qué por qué de pronto al final resulta ser multimillonario, un simple funcionario?), que siempre está dispuesto a hablar y que luego se mosquea si le ponen cara de asco (y a la vez, ¿los documentalistas ponen cara de asco por que es de los malos?, ¿es que no sabían con quién iban a hablar?), y el pobre Armando López Salinas utilizado para que esté todo cabreado en una escena, sin frase. No sé, todo me resulta cutre, mal contado, confuso.

··········Y es una pena, porque habría que hablar más –y mejor- de toda esa gente que se estuvo jugando el tipo a veces por un simple panfleto, y de sus abuelas, y de los que no hicieron lo que otros pensaban que debían hacer e hicieron menos, pero hicieron algo, y de los que consideraron que la gravedad e injusticia de la situación les excusaba para todo, … no sé, hay mucho de que hablar pero apenas se hace. Y ya que no se hace de la lucha y resistencia de los obreros, pues al menos que se haga bien de la de los estudiantes. Ahora me parece que era mejor aquella “Viva la clase media”, pero a saber.

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