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Zinemaldia 2008. Horizontes latinos

··········No me golpeaba tanto una película de maternidad desde “Ladybird, ladybird” de Ken Loach. Un puñetazo en el hígado, y encima lo agradeces.

··········Una de las decisiones más inteligentes de la película es centrarse en lo que se quiere contar: una historia carcelaria y de maternidad. Enredarse en los hechos que han llevado a la protagonista a la cárcel, sería hacer una peli judicial, tomar partido por una versión de lo sucedido. De hecho, yo diría que se funciona con tres verdades diferentes: los hechos, que nunca conoceremos con exactitud; la versión de abogados, peritos y jueces, de la que lo que importa son sus consecuencias finales; y la verdad en la cárcel, que se mide en días, meses y años, y no en culpas.

··········La interpretación de la protagonista (y mujer del director, Pablo Trapero, y productora), sobre todo en los primeros diez minutos me parece muy forzada, esos silencios y gritos, antinaturales en alguien a quien le está cayendo encima un marrón curioso. Pero luego ya la empatía a empieza a ser consistente.

··········Y ahí sale mi conservadurismo caracteriológico que le daría siempre consejos que aliviaran la presión del Estado, cuando en realidad ella está en una pelea distinta, en términos de dignidad y derechos. Desde ese punto de vista, ¿hay un final feliz? Ya he citado varias veces esa película ecuatoriana, “Qué tan lejos”, en que se dice que no hay finales felices o infelices, sino la elección de en qué momento se deja de contar la historia.

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