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··········Dejemos claro que es una digna película de vaqueros, y que se ve con bastante comodidad. Pero todo lo demás son “peros”.

··········Por una parte, siempre asombra un poco que se desperdicie semejante naturaleza y semejantes paisajes para filmar de una manera tan funcional. Hay momentos de una partida asustada en medio del monte, con enemigos en torno, refugiada tras unas rocas, con el único amparo de un fuego… y está filmado como si estuvieran en torno a una mesa camilla. Eso sí, la acción, los tiroteos, los rápidos movimientos se filman con eficacia.

··········En segundo lugar, está lleno de inconsistencias en el desarrollo de la trama, de esas que te van haciendo más y más difícil embeberte en la historia. Son tantas… pero como ejemplos: un tipo tiene una granja de gran tamaño (ganadería bovina pastoreada a caballo) y le quieren echar para que pase el ferrocarril; ni que fuera un AVE de esos que van cercados, una línea férrea, con balasto y todo no tendrá más de tres metros de ancho, ¿cuál es el drama? Unos tipos llegan a una aldea de una veintena de casas, con todo el mundo por la calle, y para entrar al hotel (que lo hay, claro, con sus artesonados, cristales labrados, etc.) lo hacen por la puerta de atráspara que no les vean; el que es capaz de escribir eso no ha vivido en un pueblo en su vida. Tienes un malo maloso tipo el del silencio de los corderos, que esposado y todo de vez en cuando se carga a alguien y a nadie se le ocurre tenerle atado cuando están acampados o en una habitación de hotel. Las habituales tonterías de las películas de acción, en las que a un tipo le dan no menos de veinte culatazos en la cara, y ahí está, sonriente y con una leve escoriación; otro llega moribundo, casi exangüe, al veterinario, le quitan una bala en plan película del oeste, y a los diez minutos está dando órdenes a caballo, llevándose a veces la mano al estómago como quien tiene acidez. En fin, tontadas de éstas todas las que se quieran.

··········La más gorda es que la trama debe llevar a un bandido y sus captores a un pueblo (Contention, bonito nombre) para tomar un tren que le lleve una cárcel. El pueblo son treinta casas y un apeadero. Pues no veas la balacera que se monta para impedir o no que lleguen al apeadero. Pero ¿qué pasa?, ¿es que el tren es lo que en los juegos infantiles llamábamos “casa” y ahí ya no te podían hacer nada? Es una situación ridícula (que dura no menos de un cuarto del metraje), todo el mundo de los nervios hasta que llega el tren y a partir de ahí ya está; y no es un tren blindado, ni lleva gente armada ni nada. Pero a nadie se le ocurre que cortas la vía y ya está, ya puedes pasar de la hora a la que llega el maldito tren al apeadero.

··········Luego está el uso abusivo y torpe de los tópicos del género. Naturalmente, hay un tipo que con pistola, galopando y vuelto hacia atrás, dispara un tiro a unos cartuchos de dinamita que no están parados, sino en una trayectoria parabólica balística, acierta y explotan (¿hay que decirlo?) justo a tiempo. Pero bueno, eso parece que hay que darlo por esperable (lo contrario sería un guionista capaz de escribir una persecución en que la astucia, los reflejos, en una medida creíble… permitan a los huidores escapar). Ahora bien, que en la superficie que puede recorrerse en día y medio coincidan un fuerte del Sexto de Caballería, chinos construyendo el ferrocarril, rebaños de bovinos, un grupo de indios apaches para dar color y animar las noches a tiros, agentes del ferrocarril, de la Pinkerton, sheriffs locales, cazarecompensas, saloon, diligencia acorazada con la nómina … yo creo que todo lo que puede salir en una película del oeste (con la posible excepción de algún cura o juez borracho), ya me parece algo así como “yo a esto del western voy a dedicar una película de mi carrera, a ver si no me olvido de nada”. Naturalmente, además todo el mundo es un viejo conocido, cada agente de la Pinkerton que sale tiene una deuda pendiente con cada bandolero que aparece, total, Estados Unidos es como medio cantón suizo, un paisito.

··········Pero vamos, yo todas esas cosas las doy por bien empleadas si me cuentan una historia que comprenda y me cause alguna emoción o algún pensamiento más o menos inteligente. Pero aquí no entiendo casi nada (y me temo que no porque sea oscuro, sino por banal). Hay un mcguffin en forma de broche, del que no se explica nada –como procede-, pero es que el resto de los elementos de la trama parecen sendos mcguffins. De los protagonistas, lo que parece mover a uno es ser capaz de hacer algo difícil ante su hijo adolescente; ahora bien, a éste ya lo tiene engañado con una serie de mentiras sobre lo que hizo en la guerra, y lo que el mozo quiere es un padre que solucione los problemas que ahora tiene la familia. Lo del otro protagonista, el bandido Ben Wade (los nombres sí que están bien, ya ves tú, hasta hay un ayudante de sheriff que se llama Samuel Fuller, anda que…), aún lo entiendo menos. Salvo que haya una explicación freudiana y que el tipo asalte trenes y bienes asociados porque le abandonaron de niño con una play station en una estación. Pero salvo eso, yo no sé qué le pasa. Al final puedes pensar que quiere entregarse porque está aburrido (lo que pasa es que como le van a colgar en cuanto llegue a la cárcel, es poco creíble), aunque haya un último requiebro para hacer eso tan en la onda de un final abierto. Lo curioso es que el tipo debe estar en esa crisis vital desde el principio, porque cometer un asalto e ir a celebrarlo con un whiskey al pueblo donde esperan las autoridades puede ser un rasgo de chulería, pero luego quedarse para un polvo, y después de un polvo para hacer un mal dibujo, sabiendo que te van a hacer preso, cuando te vas a pasar luego dos días intentando escapar… Con estas confusiones, el intento de usar elementos como la Biblia (ah, era eso, no una play, lo que le dejaron al niño en la estación; se la leyó en tres días, o pasó de nivel o algo), o la enfermedad de un niño (que, como requiere un clima seco, su familia no quiere moverse un milímetro de lugar… ¡en Arizona!) para generar una implicación emocional entre los protagonistas o entre ellos y yo, allá perdido en la butaca del fondo, pues fracasa un tanto.

··········Quizás lo más interesante en la película sea una relación padre / hijo adolescente. En mi opinión funciona bien, aunque me temo que porque no les ha salido como querían, ya que no se resuelve, sino que queda como un maremágnum de sentimientos confusos en el joven quien, realmente, no sabe lo que tiene que hacer realmente, que es lo realista. Mientras que el padre tiene muy claro lo que tiene que hacer, y lo hace, y es una estupidez, que es lo realista.

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