Etiquetas

, ,

··········Aunque es posible que me deje llevar por mi interés por los documentales en general, por la historia reciente de este país y en concreto la resistencia al franquismo, por las relaciones familiares y por los problemas de la memoria, creo que no exagero al decir que esta película es más que buena.

··········Al principio, conforme la iba viendo, me parecía un poco fría, un poco falta de estilo, de la voluntad de crear, por decirlo así, pese a tener un magnífico material para hacerlo. Ya vista, estoy casi convencido de lo contrario: entre lo que más me gusta de la película está precisamente la naturalidad, la contención, la ausencia de un sentimentalismo forzado. Y no creo que sea casual, sino una decisión inteligente, de esa inteligencia que sabe que para narrar bien hay que pensar y medir.

··········Toda la película se apoya en dípticos irónicamente contradictorios. Es inevitable pensar en el contraste del nacionalismo de señas de identidad y el no saber dónde ha nacido uno, literalmente, ir recibiendo versiones distintas o ir perdiendo la propia identidad. El contraste entre la clandestinidad más demoledora y la voluntad y el oficio de comunicar. El contraste entre la pérdida de la memoria (personal, cerebral, la causada por las enfermedades) y la recuperación de la memoria (colectiva, histórica, la prohibida por pactos implícitos y negada por esa gente tan ruin que no quiere ni que se pueda enterrar a los muertos en los cementerios). El contraste entre el sentimiento de dolor terrible que provoca la pérdida de memoria en los cercanos al enfermo (el padre) y la búsqueda del sentimiento para recuperar memoria (la madre).

··········También me parece reseñable un cierto humor, quizás no tanto, una bonhomía que permite tratar con cariño enfrentamientos que fueron terribles (por ejemplo, Santiago Carrillo comentando cariñoso una foto antigua para contar después las depuraciones de Semprún y Claudín; o la conversación entre Pamiès hijo y Solé hijo), pero sin esquivar hablar de lo que importa (ese preso de dieciocho años de cárcel, siento no recordar el nombre, señalando con vigor, sin sectarismo pero sin ceguera dónde estamos o dónde seguimos).

··········En fin, yo fui sintiéndome emocionado sin trampas. Y eso vale mucho más. Creo que hago bien recomendando que se vea esta película (expulsada de su circuito de salas natural, quien manda manda) incluso a quienes no sientan ningún vínculo con la lucha antifranquista de izquierdas, incluso a quienes no estén sufriendo la desconexión de sus mayores.