Festival Internacional de Cine de Gijón

Formando parte de la sección Desorden y Concierto (la mejor del Festival), este documental de Mika Kaurismäki, autor de “Tras el puente”, que en su momento me perdí a mi pesar.

Una preciosidad formada por tres historias alrededor de un percusionista impresionante, Billy Cogham: un concierto de jazz en Finlandia, las batucadas en las calles de Salvador de Bahía con los niños de Malé (asociación de chavales percusionistas y bailarines de una favela de Itapuâ), y el tratamiento a través de la percusión de unos autistas en una institución de Suiza.

A través del concepto del sonido, la percusión, la capacidad de unir internacionalmente del arte y la música como instrumento aplicable a la intervención psicológica y social, Billy Cogham nos va mostrando las diferentes formas que toma la música en contextos tan alejados y distintos.

La parte de los autistas es la más dura y difícil, ya que se trata de autistas adultos reaccionando ante estímulos como una campana, golpear rítmicamente una superficie, etc., lo que consigue que lleguen a interactuar entre ellos e incluso a expresar alguna emoción (en algún momento llegan a saltar, reir y bailar).

Lo mejor, los chavales de Malé, fabricando sus propios tambores con neumáticos, tocando por las calles, enseñando al “maestro” cómo se toca con una seguridad impertinente (críos de cinco, seis años), contando que pertenecer a Malé es un premio si estudian y obedecen a sus padres.

Un documental que en ningún momento se hace pesado ni largo, en el que el paso de un escenario a otro tiene todo el sentido y no hace que se pierda el ritmo narrativo, y por supuesto con una música increible, además de dejar con una sensación de optimismo y esperanza que se agradece: hay maneras de abordar los problemas, y pueden ser creativas y eficaces.

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