Festival Internacional de Cine de Gijón.

Joe Strummer (Juan “Rasgueo”), cantante y compositor de The Clash y más tarde de Los Mescaleros, era uno de esos personajes interesantes que acaban llamando la atención de la gente (rockeros, punkies y aficionados a la música en general) muy por encima de su estilo concreto como músico. Esto pasa de vez en cuando con grupos y solistas que por algún motivo pasan a significar algo como “representantes” de cierto estilo de vida o de una época muy concreta, se me ocurre Bob Dylan, Kurt Cobain, David Bowie, Sex Pistols, Elvis, etc.

En el caso de Joe Strummer, se le reconoce como “ideólogo” del punk: si los Sex Pistols eran la destrucción, el nihilismo, la provocación y la violencia, los Clash eran el punk con base y con clase, con sentido, con unas ideas (potentes o no), con un nivel musical. Esto es algo que queda bastante bien reflejado en este documental, excesivamente largo para lo que cuenta (¡123 minutos!).

Julien Temple es de esos directores que a veces confunde lo entretenido y ameno con meter muchas imágenes muy rápidas, bien picaditas y sin que apenas te de tiempo a leerlas. En este caso, lo que al principio funciona como un recurso formal muy acorde con lo que se está contando (los años 70, el nacimiento del punk, los movimientos sociales, la urgencia general en todo), poco a poco hace que la cosa se vaya resintiendo hasta que cansa, tanta imagen, tanto sonido, tanto exceso.

Una buena idea (para mí un poco extraña) el realizar las entrevistas a personajes representantes de la época (o no, ahí está el pesado de Bono, siempre en todas partes sin tener que estar en ninguna) y a amigos y familiares de Strummer siempre alrededor de una especie de hoguera callejera. La sensación es la de estar escuchando a un montón de mendigos que vivieron los acontecimientos en su momento y te los cuentan como se cuentan las anécdotas en la calle, sin pedantería ni gestos ampliados. El que tampoco se rotule a ninguno de los que intervienen provoca dos efectos: por un lado, parece un poco excluyente para el público que no sepa quién es o qué aspecto tiene algún músico o artista; por otro, consigue igualar los testimonios de familiares y amigos con los de personalidades importantes del “mundillo” (Steve Buscemi, Courtney Love, Flea, Anthony Kiedis, Mick Jones), lo que me parece una idea muy bonita y curiosa.

Desde luego la historia de The Clash queda totalmente desmenuzada y analizada, así como la vida de Joe Strummer antes y después del grupo. Pero teniendo en cuenta que lo que a la gente que va a ver este documental seguramente le interesa es el cantante de The Clash, no tiene mucho sentido alargar tantísimo la película desde que estos se separan: que hubo vida después del grupo es importante, pero que se repitan una y otra vez las mismas ideas (el futuro no está escrito, para llegar alto hay que traicionar, etc.) es bastante cansino. Curioso que esta última idea, la de cortar cabezas de amigos y colegas para ser alguien, sea tan tópica y no deje de faltar en todos los documentales de “artistas importantes” que salen últimamente (Leonard Cohen, Bob Dylan, Wendy O).

Por último, salgo con la sensación de haber visto un relato demasiado indulgente con el músico, donde todos dicen lo especial y carismático y bueno que era, y cuando lo comento con una de las amigas que lo vio conmigo me dice que su sensación es justo la contraria: ¿para qué hacer un documental de alguien a quien quieres criticar y machacar?. Qué gracia.

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