Madre mía, qué peliculón… de vergüenza ajena.

Un supuesto vasco, un marroquí y un mexicano escapan de un Centro de Menores en la huída más cutre que he visto nunca en una película. El objetivo del primero es poner una bomba en Madrid, nada menos que bajo la bandera de España de la Plaza de Colón, para tirarla abajo. El marroquí, del que sólo sabemos que la tiene muy grande, le sigue ciegamente porque se lo debe tras ser admitido en la huída. Y el mexicano es un graciosillo que sólo quiere tirarse a cualquier tía que se le ponga por delante. ¿Y por qué el “vasco” quiere poner una bomba? Porque quiere impresionar a su gran amor, uno de los capos de un comando de ETA que un día le enseña a disparar en una escena super romántica que luego Juan Luis Galiardo (ex guardia civil y pederasta) nos explicará con una frase antológica: “El fanatismo puede entrar por donde menos te lo esperas”. En fin, que gracias al éxito de la bomba del chaval (increible la escena del desplome de la bandera) acaba frustrándose un auténtico atentado del Comando Madrid que lidera el amante etarra. Juan Luis Galiardo le salva la vida al chico a tiros en pleno Xanadú (donde chaval y etarra habían quedado para rememorar las nieves de la montaña vasca en la que un día se amaron y donde el segundo planea matar al primero). Este momento lo aprovecha el director para destapar la gran sorpresa de la película: el chaval no es vasco sino sevillano (!!) y había aprendido euskera y a fabricar bombas en un par de meses por amor al etarra. Y finalmente vemos cómo los tres chicos han vuelto al Centro de Menores, donde ahora son más felices porque el sevillano puede recibir a su nuevo amante pederasta y ex guardia civil en un vis a vis lleno de ternura con la complicidad de los vigilantes del Centro.

Aparte del argumento, proyección en video, montaje con faltas de raccord contínuas, fotografía espantosa, actores penosos.

No contento con hacer esta película, el director se atreve a venir a presentarla como gran estreno mundial y espera a que alguien le haga preguntas y tenga lugar un coloquio. La primera pregunta fue “¿Era broma o iba en serio?”, a lo que el director respondió que estaba harto de tabúes en este país y quería hablar de lo realmente importante sin tapujos.

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