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··········Hay una serie de cosas que me gustan de esta película. Tiene un sonido muy efectivo, que juega muy bien a ser realista aunque esté completamente manipulado (el sonoro aire en el pelo, los tranvías y patines cuyo sonido surge fuerte sin avisar, los trozos de conversación, …).

··········También me gustan los encuadres; quizás demasiado estéticistas, pero a mí me causan una sensación agradable, como esos contra la roseta de la catedral, esas calles acabdas en pared. También efectos muy usados, como la superposición de reflejos en los cristales, magníficamente realizada, y otros más originales, como el encuadre que muestra personajes de distintos grupos artificialmente enfrentados en el mismo plano, de una manera que sugiere la intercambiabilidad de las conversaciones o el ruido humano de fondo que es la ciudad. Y la ciudad, claro, quién no querría vivir ahí.

··········También algún rastro de humor, como el borrado por los limpiadores de la recurrente pintada Laure je t’aime, justo cuando el chico pierde a la chica, pero sin que se llegue a ver qué es lo que se borra.

··········Lo malo es que no me interesa. Es cierto que me resulta una experiencia estética agradable, pero como ejercicio de estilo no me dice mucho. Y la historia menos aún, claro, pero eso es parte del juego (casi como la humorada del cuento más pequeño, el de Monterroso, es la sinopsis de esta película, un tipo mira a una tipa). La peripcia peripatética del tipo no me interesa, su belleza-rimbaud no me dice nada, su pose artística me da algo de grima, su polvo entre-bellos también queda huero. Incluso hay que sobrepasar su mirada, la cámara se aburre de sus obsesiones y se libera para mostrarnos cosas más hermosas.