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··········Ésta es una de esas películas en las que es casi imposible hablar sin desvelar cosas que conviene no saber antes de verla. Así que, si no la has visto y puede que la veas, no pases de este párrafo. Si bien con mucha economía de medios, y todo filmado en un ambiente feísta que es el inverso a Ikea –siendo una película muy nórdica-, el guión juega con elementos muy escasos pero con mucha efectividad para producir ansiedad y miedo (y el verdadero miedo, como siempre, es el miedo a volverse loco), llevándote además a pensar con una perspectiva infrecuente en un tema grave.

··········La sensación de malestar o de incomodidad que produce la decoración o la mala calidad de la luz se me va pasando conforme la historia avanza y va explicitando qué es lo que realmente estamos viendo. Creo que está muy bien escrita, muy bien dosificado en los setenta y cinco minutos que dura, el acercamiento a la verdad tal y como la conocemos, que nos permite reinterpretar las escenas que hemos ido viendo. Quizás, por buscar un fallo, me sobra el protagonista diciendo “pero… ¡si éstos son mis muebles!”.

··········La casa de las vecinas, con sus inacabables pasillos curvos (en los que no ves qué hay al fondo), su multitud de puertas que se cierran con llave o que hay que atrancar con muebles, habitaciones donde “sabes que ahí no puedes entrar”, sombras que pasan al fondo, ocasionales ruidos que aturden, objetos acumulados por todas partes –excepto en la habitación del placer-, teléfonos que conectan una habitación con otra –llamadas que te llevan de un espacio mental, o un estado, a otro-, … es un magnífico trasunto de un cerebro humano, en unas circunstancias de negación de la realidad, y donde continuamente afloran miedo, deseo, encierro.

··········Si la forma, con ser desagradable, me resulta inteligente y eficaz, puede que el fondo pueda molestar a algunas personas, que lo vean como una suerte de disculpa penal (por vía de enfermedad mental) de una agresión contra una excónyuge por el que fue su marido. Yo no lo vería así; digamos que el verdadero daño a la personalidad se ha producido después, no hay por qué interpretar que ya existía previamente y que es una eximente. También me desligo de una interpretación que relacionara, por ejemplo, pornografía -más bien, deseo sexual no afectivo- con violencia. Creo que la relación, que existe, se da en los fallos, con inevitabilidad estadística, no en la cotidianeidad ni en su esencia, siendo una relación como la que liga el tráfico rodado con los accidentes.

··········En cuanto al título, lo de siempre: ¿por qué una película sueco-noruega-danesa, que creo que está hablada en noruego, se estrena en España con un título inglés? Papanatas.

·········· Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 8.