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··········Es curioso observar qué palabras del idioma del ocupante colonizan el idioma del ocupado. Que en guaraní se use “camisa” se entiende bien, no tenía por qué existir esa prenda. Ya es más raro que para ‘tiempo’, en el sentido de clima, se use el castellano. Significativo que se usen “esperanza”, “problema”. Lo que me sorprende mucho es que se utilice “guerra”. ¿Hay algún pueblo tan ireneico que no tenga una palabra en su idioma para la guerra? ¿O es una linda acusación de que la guerra la trajo el Imperio español?

··········Una pareja de campesinos ha visto, durante la guerra del Chaco, cómo se llevaban a su único hijo movilizado. A ratos mantienen la esperanza de que vuelva, o de que llueva, o de que la perra del alistado deje de ladrar. Quizás en realidad cada uno sólo alimenta la esperanza del otro. Quizás de verdad el hijo se cambió de nombre para que nunca llegara a su casa la comunicación de su muerte.

··········La muerte, se dice, es rápida. Lo insoportable es lo que queda después.

··········Me gusta la calma, el dejar desarrollarse una conversación tan llena de vaciedades como suelen ser las de todos, pero que adquieren significado con el tiempo, con las reiteraciones, con la capacidad de representar el verdadero problema, el verdadero dolor, mediante problemas secundarios, a menudo tan fuera del control de quienes hablan como el asunto que realmente les ha quebrado la vida.

··········También el control de la luz; realmente se llega a sentir la luminosidad de la tarde con nubes de tormenta y el lentísimo pero inexorable oscurecer.

··········Algunos elementos de los títulos de crédito parecen una broma (Museo militar de nosédónde, responsable de uniformes, …. ¿?). O es que ha desaparecido mucho metraje en el montaje, pero no tiene pinta.

··········Eso sí, quien vaya tiene que saber a lo que va: noventa minutos de una conversación entre dos ancianos, sobre la pena, el paso del tiempo, la pérdida, el calor, filmada a veinte metros de distancia, con cuatro cortos excursos con sendas conversaciones en off con el hijo y con terceros, mientras se filma a cada uno de los ancianos a tres o cuatro metros. Esto es lo que hay; si uno se abre de orejas (porque la transmisión se confía casi solamente a la voz humana –y a la luz, claro), también la tristeza, el desamparo sin solución de la ausencia del hijo.

·········· Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 6.