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··········Quieren los dioses que rigen las casualidades, que vea esta película al día siguiente de “Había un padre” de Ozu. Nuevamente, la falta de expresión del cariño paterno con un hijo sin madre. Con estas pelis, me ha venido a la cabeza “La sombra del ciprés es alargada”, de la que a su vez se hizo una película.

··········Aunque aquí, esa contención no es una carga social, sino una opción personal de un abogado, de alguien que se relaciona muy eficientemente con multitud de personas, pero que parece mantener una distancia, cariñosa, eso sí, del hijo que salió tan diferente a él.

··········Al mismo tiempo, ese hijo mantiene una extraña ambigüedad amorosa hacia su mujer y su hijo. Una especie de alienación vital, de falta de entrega.

··········Como en las otras dos películas rusas (judías) que he visto de este hombre (“Esperando al Mesías” y “El abrazo partido”), la voz en off del narrador que es a la vez protagonista, crea una distancia que hace fluir muy bien un humor verboso, de inteligencias y sobrentendidos. Sin embargo, en ésta se opta por, a ratos crecientes conforme avanza la película, cambiar el tono, sustituir esa voz por la capacidad de transmisión de los actores. No sabría decir bien por qué, pero a mí la resultante me falla, no acabo de entrar y seguir a Perelman hijo.

··········El intento de comunicarse resulta flojo y tardío. Pero como en Ozu, hay una visión cariñosa, más que reproches: ha sido así, aunque tarde, le he comprendido y en esa comprensión hay más herencia que en cualquier otra cosa, mucha más que en el orden vital, más que en el oficio.

··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 7.

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