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··········Como “Amelie”, como “Lèolo”, lo primero que me impresiona es la libertad narrativa. No es sólo una cuestión de que la historia pueda ser un poco marciana, o que se trastoque un poco el orden lógico de una narración, sino sobre todo la libre utilización de los recursos propios del cine para provocar las emociones que este cuento pide.

··········Podría parecer que el contenido de la historia es algo banal, un enamoramiento de dos jóvenes. Daría igual para mí: yo ya estoy atrapado, aparte de que los cuentos siempre cuentan más de lo que cuentan. Pero además, no es una historia tontorrona. O al menos a mí me afecta especialmente la pregunta de si uno sigue siendo uno mismo cuando desaparece su memoria y se pierde; al final, uno es uno mismo cuando vuelve ‘a su ser’ pero ¿lo es mientras tanto si no se autogobierna? En algunos casos (como Angelito y Samuel), durante algún tiempo, uno es uno mismo porque los demás lo juzgan así. Un enfermo de alzheimer sigue siendo aquella persona que era sólo porque los demás lo saben. O bien el alma existe y esa es su definición: lo que queda de uno cuando incluso uno mismo está perdido (y esa definición ¡sorpresa! es también la del cuerpo: ¿uno es uno porque está ahí encerrado en una unidad fisiológica concreta o uno es la propia jaula?).

··········Los efectos especiales no son aquí instrumentos para darle verosimilitud a lo narrado, o para provocar explosiones de adrenalina en el espectador: son ellos mismos narración.

··········Me gustan la música y los efectos de sonido. Hay algo especial durante la escena de la oración que espero poder definir cuando la vuelva a ver.

··········Me gusta la cámara que, de pronto, se esconde y vigila la acción desde una esquina para pasar después a un gran angular. Es una cámara que existe pero no me estorba: no quiero ‘entrar’ en la historia, sino que me están contando un cuento y eso da derecho al narrador a hacerse notar (también la voz en off).

··········Me gusta descubrir que Juanjo Ballesta es un actor. Le tenía por un encantador chaval de barrio, que se mantenía plenamente natural ante una cámara. Quiá: encarna a un personaje que está a años luz de él, le da un habla, un gesto, una contención de movimientos, incluso le inventa una sonrisa diferente. La chica, Adriana Ugarte, sabe dejar que sea Samuel quien la convierta en especial. Manuel Aleixandre cada vez mejor.

··········Me parecen divertidas ideas como las de la oración o la familia como una telecomedia.

··········Me dice BNB que todo el mundo está diciendo ahora que hay que ver qué ojo tiene la industria para darle dinero a Santi Amodeo para hacer esta película (que no debe ser muy barata), pero ¡han pasado tres años desde “Astronautas” y seis desde “El factor Pilgrim”! Quizás no sea sólo cuestión de dinero, sino de crecimiento personal.

··········(Y, nota para algunos: véase aquí los terribles efectos de trabajar en la Tesorería de la Seguridad Social).

··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 9.

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