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Zinemaldia 2006. Zabaltegi.

··········En primer lugar, me parece una buena película de acción, sin caídas de ritmo ni chapuzas. Al mismo tiempo, la trama no es banal, sino una historia de pederastia que no se trata de manera simplona y tópica, sino planteando preguntas (aunque no sea un enfoque neutral, sino implicado contra el pederasta).

··········No obstante, hay algo en el fondo de la trama que me deja dudoso. ¿Por qué ese pavor en todos los adultos que han tenido sexo siendo muchachos con el paidófilo a actuar por vía policial-legal?

··········Se entiende relativamente bien en el chaval protagonista: tiene 14 años y, aunque es Noruega y no Sicilia, probablemente no desea que sus amigos y amigas sepan que tiene relaciones homosexuales con un varón adulto. Hay además otro elemento que quizás no entiendo bien, pero el muchacho tiene (y no sólo él, también adultos que hablan con él) un fuerte miedo a la intervención de los “servicios sociales”. En el coloquio posterior a la proyección, el director y el guionista mencionan que los barrios que salen en la película son bastante degradados, la mayor parte de las familias ahí son monoparentales y a cargo de las mujeres. Pero no acabo de ver la relación entre eso y que “servicios sociales” fuera a quitarles los hijos (que no son críos, sino de 14 a 16). Es Noruega, no el Raval de Barcelona, donde la actuación de esos servicios sí fue notablemente destructiva para una serie de familias y chavales.

··········Pero, ¿por qué en los adultos? Los tres que tuvieron sexo de chavales con el pederasta en cuestión esquivan continuamente a la policía y evitan que el tema emerja de forma pública identificándose, sin que den apenas más argumento que el hecho de que este hombre conserva fotos eróticas de aquellos años con ellos. Me parece que quizás sea forzar un poco la cosa por la conveniencia de la historia, en la que son ciudadanos sueltos quienes deciden actuar contra la pederastia.

··········También me parece un poco tópico el que quien tuvo esos tratos de chaval padezca después de adulto una serie de impotencia sexual o de problemas de autoestima en su relación con las mujeres. Se entiende mejor en críos abusados a la fuerza, pero en chavales de 14 a 16 años, que tienen voluntariamente sexo con adultos –y que probablemente reciben algo a cambio- ¿por qué les afecta de esa manera? Muchos chavales a esas edades tienen juegos sexuales con amigos de su sexo, de su edad o cercana, y eso no les ‘marca’ de tal manera que les impida desarrollar luego su sexualidad normalmente, con hombres o mujeres.

··········Es también interesante lo que grita en su defensa el pederasta (que ni se lo monta con niños ni a la fuerza): ¿os dais cuenta de que tiene 14 años y que lo que hemos hecho sería perfectamente legal unos quilómetros más abajo, en Alemania, y que si fuera España sería legal a los 12? (En el coloquio posterior se les reprocha que esto no es cierto: ellos aseguran haberse documentado y que la edad de consentimiento fue los 12 años hasta la última reforma del código penal, en que subió a 13; les creo).

··········Otro tema interesante es lo que hace la prensa con la historia: cuando uno de los protagonistas –esquivando informar a la policía- le pasa a un periodista un documento gráfico, queda tan desguarnecido como ciudadano frente al cuarto poder, que éste no tiene ningún escrúpulo en inventar una historia falsa en la que el documento gráfico se revaloriza. En la trama, hasta el propio chaval, que es plenamente consciente de lo que hay en ese documento –una grabación de vídeo- y de cómo ha llegado a la prensa, se deja llevar por el titular del periódico: si sale ahí que existe un grupo organizado anti-pederastia, es que lo somos. Para él, la realidad es lo que está en la portada de los medios.

··········Luego está el tema de las fotos que el pederasta conserva de cada una de sus relaciones con muchachos: nuevamente, no parecen fotos tomadas a la fuerza –los chavales acuden voluntariamente a él y además dejan de hacerlo en un momento dado, sin consecuencias-, y el que las haya difundido en internet o que las quiera usar para chantajes son sólo hipótesis de algunos personajes que no se confirman en la historia. Sin embargo, qué sensación de invasión de la intimidad.

··········En definitiva, me parece una película sugerente en un tema en el que habitualmente no se puede hablar sin reacciones histéricas. Han elegido zonas del problema muy en la frontera de lo no delictivo (por las edades de los chicos, por el libre consentimiento) para tomar pese a todo postura contra el pederasta, pero dejando inevitablemente cuestiones en el aire (¿y si ese chico de 14 se lía con uno de 16, es pederastia?, ¿y si esas fotos se las han tomado los mismos chavales y las ponen tranquilamente en su messenger y no se difunden?, ¿por qué siendo la mayoría de edad sexual –como la civil, como la penal- un mero pacto social puede ser tan diferente la fecha concreta en países de culturas similares?).

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