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··········La verdad es que durante la primera media hora estaba yo mosqueándome con una historia de ingleses malos malísimos y de angelicales irlandeses humillados. Pero ya a esas alturas empieza a asomar Loach y comienza uno a atisbar la lucha de clases y la agresión a la representación democrática irlandesa, con la suspensión del parlamento y la prensa. Más o menos por entonces se pronuncia la frase esencial: “espero que la nueva Irlanda merezca la pena”.

··········Y ahí van empezando las dos historias que me interesan. Lo que se refiere a en qué consiste la lucha, si es mero nacionalismo o es un intento de cambiar una sociedad injusta. Por una parte agradezco que las posiciones sean algo confusas (las alineaciones de cada cuál en los dos momentos-ejemplo, el juicio civil de la nueva justicia irlandesa y la discusión sobre el tratado con el Reino Unido). Pero realmente, no me parece que esté bien explicado el problema de clase. El sucinto resumen que se hace del Tratado no me permite ver hasta qué punto consolida el poder de las que vienen siendo clases dominantes (se habla expresamente de que la nueva Irlanda controlará la política fiscal y la económica). Hay cosas como la aparición traída por los pelos de un crío desnutrido, o el dato gritado en una discusión de un 25% de paro, que a mí no me bastan para entender el problema: ¿hay ya entonces un nuevo parlamento irlandés, un nuevo gobierno? Quizás exagero: la división de los bandos tras el Tratado queda más o menos clara, y lo que en “Tierra y libertad” a mí me parecía obvio quizás resultara incomprensible para un expectador irlandés, así que puede que aquí sea sólo mi insuficiente conocimiento de la historia de la isla el que me deja algo confuso.

··········El otro tema es más intemporal y más sustantivos. Es una forma peculiar del ‘mancharse las manos’ de Sartre, porque aquí los hermanos protagonistas deciden cada uno en su momento manchárselas de sangre, no en combate, sino en ejecuciones. Creo que si uno se quita las orejeras de “son cosas de la guerra, inevitables en esas circunstancias”, está bien planteado en la película: la verdadera decisión, lo que marca la vida de un hombre y su catadura moral, es la decisión de matar a desarmados. Claro que podría uno ponerse más ireneico y dejar claro que la decisión crucial es matar en sí, o matar fuera de un acto concreto de defensa propia. Pero ya sería bastante hacer esa lectura restringida: ellos matan a prisioneros y, a partir de ese momento, ya es muy difícil que no resulte necesario tirarse por la pendiente para dotar de sentido a lo que a uno ha hecho en el pasado. El verdadero punto de unión de los hermanos no es la capacidad de luchar en lo que creen, sino la de que lo peor pueda estar justificado ante sus ojos: astutamente, en la película hay muchachos que lloran para disparar a un preso, otros que se niegan a colaborar en una ejecución, otros que se retiran en un momento dado de lo que va llegando a ser una merienda de negros.

··········Así que, como casi siempre, hay que agradecerle a Loach que plantee los problemas, independientemente de cómo los resuelve. Aunque quizás haya que tener en cuenta que a un batasuno de quince años esta película le permite una lectura heroica y justificativa de cualquier cosa. Pero eso no sé si le corresponde a Loach evitarlo.

··········Por último, como suele suceder, algunas tonteriitas de guión: si la chica le lleva al chico de recuerdo el colgante del hermano muerto, ¿por qué no se lo da en lugar de esperar a que, disuelta la reunión al chico se le ocurra salir corriendo tras ella para decirle algo? Otra: asistimos a un combate a tiros, los buenos -habiendo ya matado a todos los malos- gritan “alto el fuego” y luego “¡recoged sus armas!”; pues bien, a continuación han de asistir a una agresión inglesa (a la misma casa que sale continuamente en la película) y ellos, muertos de rabia, no intervienen ¡porque no tienen balas! Tío, si has decretado un alto el fuego es que estabas disparando y si además recoges más material… ¿qué costaba hacer la emotiva escena días después?

··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 7.

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