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··········Viéndola en la televisión en estos días, me doy cuenta de que, en cuanto argumento, tenía un recuerdo de ella mejor del que me parece ahora. El argumento legal, el juicio, es un poco flojo (¿un año para alegar que el presunto violador es ostensiblemente manco?). Pero he apreciado más ahora lo peculiar de la estructura narrativa de la película: lo que puede parecer un defecto de fijación de la verdadera historia, dejando que suba la tensión hacia el acto del juicio y no terminando con la culminación de éste.

··········Es como si, de pronto, cuando acaba el juicio, el guionista -o el novelista- te sonrieran y te dijeran “ahora vamos a lo que importa, a lo que quería contarte” (o, como decía Malevaje en esa nana magnífica, “pasemos ahora al cariño, que es lo que importa en la vida”). Y, realmente, lo importante es Atticus Finch, Gregory Peck, claro, pero no como el padre-héroe, sino como el maestro. En realidad, aunque su hijo mayor tenga sus momentos de poder admirar a su padre (la muerte del perro rabioso y el juicio, claro), ha de sufrir también ver cómo es humillado en público (escupido en la cara) sin que reaccione, o cómo es protegido de una agresión previa al linchamiento del negro imputado de violación por su hijita de siete años. Y no es él quien está ahí para ayudarles en el peor momento. ¿Es un héroe?, no, no es Gary Cooper, es sólo el padre que Scout, la niña, recuerda y ama porque le dio las palabras, el conocimiento, la instrucción.

··········Las escenas del bosque, en los momentos en que los hijos de Atticus Finch van a ser y son agredidos, o las de los entornos de la casa donde vive el hombre-monstruo, recuerdan a la película de Charles Laughton, “La noche del cazador” (que tan arriba tengo en mi altar), pero son más torpes (y eso que han pasado 7 años desde que en 1955 Laughton hiciera su única película como director -así nos ahorramos comprobar lo difícil que habría sido mantener ese nivel-), aunque la idea de los ojos de la niña poniéndose estrábica intentando ver a través del escaso hueco que deja el disfraz que porta, es magnífica.

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