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La segmentación de las salas de exhibición en Madrid es tal que me sucede a veces que voy a ver una película porque está en mi circuito de cines habitual. En ese circuito, sólo se exhiben normalmente películas yanquis independientes, o de algunos autores clásicos (Allen) o, cuando se estrena una superproducción de Hollywood, para tenerla como referente en versión original, y, en este caso, a veces es para facilitar el acceso a la numerosa colonia anglófona en Madrid (esta última función la desempeñaban antes los cines Luna, ya cerrados, y hoy sobre todo los Ideal).

Viene esto a cuento de que a veces va uno -en plena violación al debido boicot a los productos yanquis- a ver una película estadounidense de alguno de esos tipos, y se encuentra con algo como “Thumbsucker”, que es casi un telefilm.

Y el caso es que tiene a veces algún intento aislado de tener otras ‘formas’ de las televisivas (momentos como el de las moléculas uniéndose). Pero, en conjunto, tiene esos elementos habituales: el reflejo de la puesta de sol limbará los pelos de las cabezas de los adolescentes que se miran tiernos, la música serán tiernas voces (más de una en cada canción) sobre tranquilas guitarras acústicas, la pacatería será de las que le ponen a uno colorado por vergüenza ajena (¡mondié!, ¡por quitarse una camisa en pleno verano ante la otra!).

¡Y los diálogos! ¿De verdad los yanquis hablan así?

En fin, la historia: se supone que utilizando la manía del chaval (chuparse el dedo a una edad inconveniente -17-), y la forma en que se le da la vía de ‘curarse’ , se habla de adicciones de una manera general. Que en el fondo todos nos aferramos a algo parecido y cosas así. Yo no acabo de ver en qué consiste ese genial descubrimiento que lleva al éxito a la novela y por el que se pretende lo mismo para la película.

Y algunas cosas especialmente tontas, como el juego de palabras sobre ‘salvar el culo’, que -una vez desvelado- resulta ser crucial en el desarrollo adolescente del protagonista…, en fin.

Tampoco entiendo gran cosa del personaje de Keanu Reeves. Sí hace su parte al principio, pero si luego quieres transformarle, hombre, explícalo un poco, ¿no? Una cosa es que sólo te interese la historia del chaval, pero si metes a otros sujetos, no sé, que se les entienda un poco, ¿no?

En fin, yo no me quejo de haberla visto, porque siempre encuentro algo en las historias de crecimiento. Y además, me he encontrado con una aplicación original de la idea de Yasunari Kawabata en “La casa de las bellas durmientes”, sobre la posibilidad del sexo con otro, pero sin el otro.

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