··········Se trata de un documental sobre cuestiones sexuales (humanas, no de dinosaurios). Tan voluntariamente tontorrón y desenfadado que durante un buen rato pienso que es una broma, pero ésta no se realiza, así que supongamos que no es sino lo que parece ser, un documental tipo televisión.
··········El formato mezcla el documental en sí, un entrevistador charlando con gente (desde parejas de actores porno a antropólogos o sexólogos, pasando por focolares), sobre fondos más o menos humorísticos; con unos tramos de dibujos animados hechos en Colombia para ilustrar ciertas cosas; y con las banales conversaciones de frases hechas de dos amigos cuarentones, solteros y pijos que circulan por Donosti y alrededores en un descapotable perorando sobre ligar, mujeres, fidelidad, etc.
··········La cosa no tendría ni mayor interés (casi todo es un tanto superficial) ni mayor molestia (se deglute con facilidad, la cansina pareja de pijos nunca dura demasiado, y unos cuantos de los entrevistados son gente que dice cosas interesantes, aunque el montaje televisivo lo deje todo recortadito). Todo tiene un tono más o menos liberal y desinhibido (aunque participen también focolares o una experta en derecho canónico y parejas de hecho ¿?). Ahora bien, hay un par de temas que se tratan con una perspectiva un tanto rara.
··········Por una parte, se intenta dar un tratamiento equitativo a la manifestación que montó el nacional-catolicismo español cuando el gobierno Rodríguez Zapatero aprobó el matrimonio homosexual, con la mani de un día del orgullo gay. Claro, no son demostraciones muy comparables, una queja con una fiesta.
··········Por otra, hay un tratamiento de la violencia sobre las mujeres muy incorrecto políticamente (como, con orgullo, indican algunos de los entrevistados). Se empieza por grabar las declaraciones de unos miembros de una asociación de padres separados, que cuentan sus problemas para conseguir ver a sus hijos porque las madres lo impiden… sin compensarlo con informar de algo bastante más frecuente, los muchos miles de padres que no pasan las pensiones debidas. Pero al llegar a hablar de las agresiones machistas, se hace un batiburrillo estadístico con la –presuntamente- alta proporción de asesinos de mujeres que luego se suicidan (por qué no lo harán antes, dice siempre Á), con una estadísticamente demostrada mayor agresividad (aunque menor violencia física) de las mujeres. En fin, algunos datos cuesta mucho creer que sean ciertos, pero sobre todo, con la que está cayendo, hay que tentarse mucho la ropa antes de dar argumentos a la profunda y socialmente abundante percepción de que puede ser razonable pegar –matar- a las mujeres. No se trata de prohibir la expresión de otras opiniones, en las que probablemente pueda haber siempre hay algo de verdad, pero contextualizándolas.