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Queridísimos verdugos

Miércoles, 31 Ene 07

··········Hace algunas semanas pusieron en la 2, en Versión española, esta película de Basilio Martín Patino.

··········Aparte de parecerme un magnífico documental (falla bastante el sonido, pero fue rodada en buena parte en lugares públicos, sin autorizaciones administrativas y con un escaso equipo), lo traigo aquí por algo que me sorprendió.

··········Es un programa de televisión en que las películas están comentadas. Al efecto, trajeron esta vez a un par de hagiógrafos (una profesora universitaria y un crítico de cine) y al propio Martín Patino, quien se pasó el programa sonriendo y dando las gracias por el babeo de los otros tres.

··········Pues bien, los dos aplaudidores y la presentadora del programa insisten una y otra vez –sin que Basilio Martín les desmienta- en que uno de los elementos que hace la película más importante es cómo consigue acercarse a la figura de tres verdugos españoles sin acritud, con comprensión, con una cierta ternura.

··········Me quedo asombrado; yo he visto otra cosa. Continuamente, mientras que hablan, la cámara baja a pasearse por los infinitos vasos de vino, las botellas abiertas acumuladas. Se les filma comiendo todos de frente a la cámara, como en un cuadro renacentista, llegando en los platos de duralex las ensaladas y las carnes, en una comida de chiringuito, dándole huesos a los perros. Se les deja hablar mucho, pero con sus palabras se auto descuartizan. Uno es un paleto de esos peligrosos, enrolado en organizaciones de dar palos, que acaba pasando por la División Azul; otro es uno de esas personas de mirada esquinada que se apoca ante cualquiera más chulo que él –y que da miedo pensar cómo será con la gente más débil, en su casa. El tercero es un señoritingo patético de barrio, de los que compran ‘tener clase’ con un abrigo de cuello de piel, una mirada de suficiencia y una colección de favores a los vecinos.

··········Claro que no se hace pivotar la inmoralidad de la pena de muerte sobre estos propios sujetos. Está la ley por ahí circulando, no en largas disquisitorias técnicas, sino en las palabras de abogados, funcionarios de prisiones, psiquiatras; la banalidad del mal es siempre compartida por todos. Pero estos tres verdugos, despojados de la cara humorística de Pepe Isbert, pero muy parecidos a él, a mí me darían escalofríos no sólo por su oficio, sino como vecinos.

Battle Royale

Miércoles, 30 Ago 06

 ··········Una de las ventajas del verano es que te programan, a horas normales, películas raritas. Aunque sean dobladas.

 ··········La verdad es que cuando fui a verla al cine, lo hice porque sabía que actuaba Takeshi Kitano (en su encarnación Beat Kitano). Hay gente a la que uno debe tanto que acaba viendo cualquier cosa en la que tenga alguna relación.

 ··········Esto no es más que una chorradita, una peli para adolescentes, aunque muy a la oriental: los chicos y las chicas se enamoran, el sexo queda sólo en alguna vaga referencia verbal, pero la violencia, ¡ah!, de eso un par de toneladas.

 ··········El argumento tiene gracia: un curso entero de chavales y chavalas (¿de 17 ó 18 años?) encerrados en una isla y condenados a matar o a morir, porque sólo uno de ellos saldrá vivo de ahí. En la nota de prensa que pasan a los suplementos de televisión de los diarios, mencionan “El señor de las moscas”, de Golding. Nada que ver, claro, una cosa es que el hombre sea un lobo para el hombre y otra cosa es organizar expresamente una cacería.

 ··········Para los que se dedican a la enseñanza de adolescentes, puede ser gratificante ver la venganza de Kitano sobre la gente que le ha estado amargando la vida.

 ··········Por lo demás, no hay que ser muy escrupuloso con la sangre (tampoco es gore: pocas vísceras) ni muy exigente con la historia. Pero es interesante ver las reacciones: el suicidio de a quienes no les cabe en la cabeza matar, las reacciones violentas pero animales de quien se siente acosado, los que muestran una notable flexibilidad para el repentino cambio de normas (¡ah!, ¿qué vale matar?, pues vale), los que resuelven asuntos pendientes, los que intentan escapar de las reglas y los que deciden intentar destruir el poder que las ha impuesto. 

Matar un ruiseñor

Viernes, 25 Ago 06

··········Viéndola en la televisión en estos días, me doy cuenta de que, en cuanto argumento, tenía un recuerdo de ella mejor del que me parece ahora. El argumento legal, el juicio, es un poco flojo (¿un año para alegar que el presunto violador es ostensiblemente manco?). Pero he apreciado más ahora lo peculiar de la estructura narrativa de la película: lo que puede parecer un defecto de fijación de la verdadera historia, dejando que suba la tensión hacia el acto del juicio y no terminando con la culminación de éste.

··········Es como si, de pronto, cuando acaba el juicio, el guionista -o el novelista- te sonrieran y te dijeran “ahora vamos a lo que importa, a lo que quería contarte” (o, como decía Malevaje en esa nana magnífica, “pasemos ahora al cariño, que es lo que importa en la vida”). Y, realmente, lo importante es Atticus Finch, Gregory Peck, claro, pero no como el padre-héroe, sino como el maestro. En realidad, aunque su hijo mayor tenga sus momentos de poder admirar a su padre (la muerte del perro rabioso y el juicio, claro), ha de sufrir también ver cómo es humillado en público (escupido en la cara) sin que reaccione, o cómo es protegido de una agresión previa al linchamiento del negro imputado de violación por su hijita de siete años. Y no es él quien está ahí para ayudarles en el peor momento. ¿Es un héroe?, no, no es Gary Cooper, es sólo el padre que Scout, la niña, recuerda y ama porque le dio las palabras, el conocimiento, la instrucción.

··········Las escenas del bosque, en los momentos en que los hijos de Atticus Finch van a ser y son agredidos, o las de los entornos de la casa donde vive el hombre-monstruo, recuerdan a la película de Charles Laughton, “La noche del cazador” (que tan arriba tengo en mi altar), pero son más torpes (y eso que han pasado 7 años desde que en 1955 Laughton hiciera su única película como director -así nos ahorramos comprobar lo difícil que habría sido mantener ese nivel-), aunque la idea de los ojos de la niña poniéndose estrábica intentando ver a través del escaso hueco que deja el disfraz que porta, es magnífica.