··········No es que yo busque maravillas en este tipo de cine de catástrofes yanqui, pero tengo la sensación de que antes se lo tomaban más en serio. Ésta hace aguas por todas partes. En primer lugar, me molesta un cartel engañoso (nada de estructuras temblonas) y un título mal traducido: ¿es que les parece lo mismo un incidente que un suceso?, ¿alguien llamaría incidente a la muerte de un elevado porcentaje de la población de trece Estados?
··········En segundo lugar, tiene una carga política profundamente conservadora. No me refiero a mensajes ocultos ni nada así. La primera escena es una clase de educación secundaria en que los guionistas (o el autor) consiguen, con un tema que a cualquiera preocuparía (la importante desaparición de abejas en varios Estados de la Unión, y que también se ha estudiado en Navarra y Guadalajara), en un aula presidida por una frase de Einstein en la pizarra (aquella de que el ser humano no sobreviviría más allá de dos años a la desparición de las abejas) darle la vuelta al tema y que el profesor –el protagonista- transmita un mensaje reaccionario en línea con el creacionismo y el diseño inteligente: nada de pensar qué hacemos con el planeta nosotros (eso son sólo añadidos al verdadero problema): es una poderosísima fuerza oculta (en la peli se dice la Madre Naturaleza, pero se está hablando de Dios, ese Dios cabreado y vengativo de tantos cristianos) que, en un acto volitivo, decide darle caña a los humanos. Esto en la primera escena de la película, para dejar claro de parte de quien se está; luego, si sale un científico hablando en televisión, será un tipejo risible del que cualquier adolescente (el público para quien se hace esta peli) se burlará; y es que donde esté un hombre de acción, que se quite quien piense. Lo curioso es que aquí el protagonista –el resolutivo hombre de acción prototípico- es profesor de ciencias; hay una escena que me resulta muy divertida –aunque seguro que no es esa la intención de los autores- en la cual este pobre tipo suplica a gritos que le dejen un segundo en silencio para pensar, porque tiene que emplear el método científico, establecer una hipótesis, detectar posibles grupos de control en la realidad, etc.
··········En tercer lugar, el elemento fantástico de la historia es un poco chapucero. A la gente le da un aire, repite una frase, anda hacia atrás y a continuación se mata. Ahora bien, pese a que la experiencia demuestra que las variables para la adquisición de este comportamiento son estar en un gran grupo de personas y rodeados por plantas, resulta que en los parques en los que vemos cómo sucede siempre hay alguien a quien no le sucede tal cosa, casualmente quien tiene que poner cara de susto para que empaticemos con él. Por otra parte, ya avanzada la trama, al mal se le bloquea simplemente cerrando la puerta de una caseta de madera no precisamente estanca, mientras que nos han contado que las ciudades están devastadas (¿porque hay muchos parques, macetas en los balcones -¿en Estados Unidos?- o cómo va la cosa?). Tampoco hay ningún lujo de efectos; sí el impulso un poco perverso de ir mostrándonos formas de suicidio, pero no las consecuencias en las ciudades.
··········En cuarto lugar, la historia romántica que acompaña en todas estas pelis es aquí aún más tontorrona que lo habitual. Alguien ha tomado un café con un compañero de trabajo sin que lo sepa su marido. Ésa es la crisis, y la resolución está a esa misma altura.
··········Por otra parte, la manera de que la acción avance tiene momentos pésimamente planeados que transmiten una falta de veracidad. Por ejemplo, un tren con centenares de pasajeros se detiene, la gente baja y murmura, todos los revisores musitan en otro grupo, mientras no baja el prota, nadie tiene la idea de preguntarle a los revisores qué sucede, él sí. Es una chorrada, pero ocurre continuamente: la acción se detiene (otro ejemplo, un corrillo de profesores a quien van a dar una noticia) hasta que Wahlberg se acerca; ¿será que le recuerdan de cuando anunciaba calzoncillos o de “Boogie nights” y eso le hace el macho alfa?