La chispa de la vida
Publicado: Miércoles, 25 ene 12 Archivado en: En cartel en la Corte | Tags: castellano 3 Comentarios »··········En el descenso que este director está haciendo hacia el infierno, da a veces saltos tan amplios que cualquier día me adelanta. A los que ya tenemos una edad, nos pasa con una cierta frecuencia que echamos de menos las primeras obras de ciertos autores (en realidad, quizás sólo echamos de menos la edad que teníamos cuando las vimos por primera vez) y que se nos antoja que se van degradando. Se podría pensar que se trata sólo de una pérdida de frescura, de capacidad de innovar y sorprender. Pero en este caso no me parece eso: de las mirindas asesinas y de sus dos primeros largos, además de otras cosas, me impresionaba el oficio, esa sensación de un trabajo bien hecho. Y lo que resaltaría de la película de hoy es justo el descuido (¿o desinterés?), la falta de ganas y atención.
··········Aunque sé que para mucha gente estas cosas no tienen importancia, dejadme que mencione en primer lugar una serie de chapuzas en la puesta en escena (la wikipedia me dice que sería mejor decir en la dramaturgia): la primera escena, para mostrarnos su atribulada condición de parado con deudas, nos muestra a un hombre durmiendo vestido (al lado de Hayek desnuda), con multitud de papeles y cuentas esparcidos por la cama, encima y debajo de su cuerpo y de las sábanas (y hasta una calculadora bajo el culo, que misteriosamente se activa sólo cuando ha sonado el despertador); pero, vamos a ver, ¿qué estaba haciendo exactamente cuando se acostó?, ¿ordenar papeles sobre la cama (en la que, insisto, está Salma Hayek desnuda)?, ¿hacer cuentas, no en cualquier parte del pedazo de casa que tienen, sino en la cama en la que está ella?; la única solución que se me ocurre tiene que ser algún tipo de juego erótico que –lo confieso atribulado- ni mi feraz imaginación al respecto me permite imaginar convenientemente. Sigo: pocos minutos después una cónyuge con una perspicacia notable para la elegancia masculina decide que su ropa no conjunta bien y que ha de cambiarse de camisa; pues bien, besuqueos, cambio de camisa, ¡y es incapaz de ponerle el cuello de la camisa bien!, pero hombrepordiós, si hasta cuando ves a un desconocido en el metro con el cuello mal puesto tienes el impulso de ordenárselo. Sigo: el tipo –que no es un trabajador manual- porta un portafolios… con los folios fuera; se pasa sus buenos diez minutos de película con una docena de copias de su currículo (va a una única entrevista de trabajo) llevándolos fuera y arrugándolos (por no mencionar que la foto que usa para tal documento no la usaría un crío para su perfil de tuenti (y este hombre es un publicista). Sigo: la cafetería de la empresa a la que va, tan pronto está arriba como debajo de la planta donde él tiene la cita. Sigo: el tipo se va en coche de Madrid a Cartagena, llega de día, cruza la puerta de un teatro y ¡cáspita!, es noche cerrada. Sólo un ejemplo más: en un momento dado vemos el denodado esfuerzo de unos bomberos por aserrar una reja para que una arqueóloga loca pueda pasar con una blacandéquer a solucionar el problema; pues bien, esos bomberos aserradores ya están al otro lado de la reja: si se puede ir hasta allá vestido de bombero, ¿no ha podido ir nuestra entrañable bricolajeadora por el mismo camino? En fin.
··········El problema de la peli no es ése, claro, pero me parecen ejemplos de la falta de seriedad con que se escribe y filma. Cada vez que intenta hacer un chiste, la historia parece arrepentirse y vuelve atrás, de manera que el iocandus es interruptus. Cambiemos pues de perspectiva: es una historia dramática; pero desde esa perspectiva la ñoñería inunda todo y todo es a la vez una chorrada: la familia se quiere (vaya, razonablemente), guau, el hijo del héroe será capaz de quitarse las botas en un momento dado –con mucho aparataje sentimental, cara de dolor, proyección de objetos, etc.- (sin que a mi torpe cabecita se le alcance qué importancia tiene eso, si es un recurso simbólico para indicar que se va a poner a estudiar notarías o qué); la trama se acerca –en una espiral cansina- a un momento sentimental crucial que es una entrevista para televisión, pues bien, el más novato becario de la más local y desabastecida de las emisoras tiene más capacidad para hacer una entrevista con emoción, al final todo queda en admirarse, hasta la lágrima, de que esa pareja se quiera (hombre, y si duermen juntos con una calculadora, eso ya hay que darlo por supuesto). En fin, patético. Demos un nuevo giro: la peli se hace para hablar del poder de los medios para banalizar nuestras vidas hasta la destrucción (en el sentido temporal y en el creciente de ese hasta), con una idea potente; lo malo es que no es muy original, y aunque es perfectamente legítimo retomar un argumento así (“La muerte en directo” de Tavernier, por ejemplo) lo normal es mejorarlo, completarlo, hacer ver que han pasado cosas en los treinta y tres años transcurridos. Último giro (y ya son los trescientos sesenta grados): será una peli política o de denuncia; si hago el esfuerzo de leerla así sólo puedo sentir una cierta repugnancia por la facilidad argumental (qué mal me trata el banco ahora que ya no soy un triunfador) y sobre todo por el tramposo montaje de pancartas, gentes emocionadas (con la cámara parándose para que veamos un negro y una andina, que se sepa que somos así de progresistas e implicados) que estás a la vez usando como figurantes del tipo de consumidor basura de televisión basura.
··········Hay un momento en que se asoma un tema interesante: la función ambigua de la resiliencia, que por una parte nos permite tirar para adelante, nos cuida psicológicamente, nos permite apoyar y nos facilita el ser apoyados en los problemas, pero que a la vez es un freno a la conciencia, a la lucha, a la resistencia activa. Ese asomarse que digo no pasa de tres frases en una conversación entre cónyuge del héroe y médico; a la tercera frase a algún guionista le da un poco de vértigo pensar que estaba a punto de hablar de algo en serio y lo soluciona con un sí señora, su marido puede morir, un ¡ay!, girose, fuese y no hubo nada.
··········Perdonadme la extensión. Llevaba más de diez días sin ir al cine y caigo en esto.
··········Enlaces a imdb y filmaffinity.
Y qué decir de que aparezca de repente todo un circo romano debajo de un simple hotelito.
Y supongo que la pareja protagonista está impuesta por alguien porque es dificil imaginar menos química.
Una patochada de peli.Yo creo que la hace para sacar a Carolina Bang ,que por lo visto es su chica.
Debí advertir a cuanta más gente mejor para evitar que alguien más cayera en esta trampa.
Qué horror, yo diría que no es ni siquiera una película, es más bien una obra de fin de curso del colegio, o un capítulo de alguna serie española cutre.
La sensación de chapuza es constante (yo también me quedé en el cuello de la camisa, esa que ella le ha regalado como si fuese una prenda moderna o de lujo, y es una camisa blanca y punto). El absurdo Hayek-Mota no tiene nombre, lo de los currículums es atroz, claro que este hombre ni siquiera se peina para ir a una entrevista, así que no es extraño que utilice esas fotos y esos papeles arrugados como presentación para conseguir un trabajo “de nivel”. Luego está la insoportable Portillo, que parece puesta de coca en todas las escenas (qué rigidez, qué histrionismo) y todo un grupillo de amiguetes, desde Galiardo a la Bang, la ñoñísima Camino, Segura, que parece que pasaban por allí. A mí me recuerda a esos especiales de Nochevieja que se hacen, con apariciones estelares de actores que hacen de sí mismos y si pueden, pues meten algún chiste.
Y tanto comentario con que éste es el primer trabajo dramático de Mota, ¿dramático?. Bueno, depende de a qué se refieran, sí podría serlo.
Una crítica de la peli, por Pascual Serrano, aquí:
http://www.cuartopoder.es/cineytv/la-vara-de-tio-alex/1655?#comment-565