··········Aunque en conjunto se pasa el rato, y visualmente tiene bastantes momentos bonitos, no me implico con esta historia, que va empeorando conforme debería mejorar, al ir desvelándose los elementos dramáticos que explican lo que se ha presentado con fuerza al principio de la peli: el hermano pequeño busca al hermano mayor, ansioso de recuperar la relación en la que él le protegía y enseñaba, y el hermano mayor esquiva al pequeño, que no respeta su ruptura con la familia.
··········Ese desvelar los porqués empieza con algo que me parece débil, la historia de un solo genio por familia, cuestiones de envidias (la mal contada relación con el tío Alfie), mejora con la culpabilización y la venganza respecto a la muerte de la madre, y va girando a una historia de cuernos un tanto cutre. De todo esto apenas me gusta –y más en lo visual que en lo argumental- la idea de cómo ciega (oscurece) vivir al lado de un sol, y la relación entre ese foco que deslumbra a las falenas fototrópicas –y a los humanos- y los de los automóviles de los (¡continuos!) accidentes de tráfico. En todo caso, recordaba yo viéndola cuánto mejor quedaba visualmente resuelto ese quemado por el sol en la peli de ese título de Mijalkov, con la bola brillante que irrumpía en las historias.
··········Aparte de eso, los personajes tampoco me gustan demasiado. El de Vicent Gallo agota de tan pretencioso, ciclotímico y egoísta; Verdú se enamora como quien contrae la diabetes: para sufrir y para toda la vida; el joven tipo DiCaprio empieza como Querelle de Brest y acaba de melodrama intenso rompiendo cosas; y a Maura sólo le falta el color para estar haciendo un Almodóvar, pero sin gracia.
··········La peli además tiene un ritmo muy irregular, tan bipolar como el Tetro (que al fin y al cabo es nombre de juego), dando continuamente la sensación de catarsis que en realidad no se resuelven. Y algunas citas curiosas (como La Colifata, que ya va para tópico -¿nadie le ha dicho a Coppola que una psiquiatra emigrando de España a Argentina es un poco… levógiro?-), regalar a la vez un Bolaño el excesivo junto con el conciso y preciso León Felipe, una mala frase de Neruda… Al menos, un poco de bandoneón.
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