··········Aunque los principales temas de Yukio Mishima, la relación del hombre con la belleza y la creación no me implican demasiado, hay muchas otras cosas de él que me interesan. Su papel público, claro, esa relación entre fascismo y estética y entre tradición en valores y modernidad en los medios; y también en lo personal lo que se refiere a la máscara, a su construcción, a vivir bajo ella, a ser ella misma. Y en cierta medida el orden, la disciplina, la sistemática del esfuerzo como mecanismo de protección incluso frente a los sentimientos propios.
··········La película me parece muy correcta. Y muy poco yanqui para ser una producción de Lucas, claro que también es Coppola. Me parece que están bien mezclados los muy diferentes estilos con que se mezclan teatralizaciones de obras de Mishima, el cine de acción del día de su seppuku tras el asalto a un cuartel, y recuerdos en blanco y negro de su vida. La peli tiene veinticinco años; qué diferente se filmaría hoy, a base de montaje, la escena de la discusión en la universidad.
··········La verdad es que las teatralizaciones a mí ya me bastan para hacer de esta peli algo hermoso muy digno de verse. No tanto o no siempre por el teatro representado en sí mismo, sino por las escenografías. Liberadas del problema de la mirada quieta desde el patio de butacas del teatro, con una cámara que puede elevarse y moverse libremente, el uso de los decorados, su simplicidad, expresividad y belleza me gustan mucho.
··········Nunca hay que fiarse de mi oído musical (y menos si se asocia a la memoria), pero la música de Philip Glass me parece casi igual a la que hizo después para “Los libros de Próspero” de Greenaway. En todo caso, hermosa y muy apropiada.