No – Do

By PFO

··········Con esta sensación de que los caídos de la generación anterior van sumando línea como en el Tetris, y que luego vamos nosotros, resulta tranquilizador ver la casa de Monte Panarras en pie, oteando la sierra, como un pariente anciano y estable. Es una tontería, pero ver esa casa salir en una peli es como cuando aparece de secundario alguien que te agrada, te cambia un poco la perspectiva.

··········Lo que en principio resultaba más sugerente de la película, la relación entre el miedo y la época franquista ejemplificada en el No-Do, se desaprovecha bastante. En primer lugar, no hay nada referente a lo que significa una dictadura. Los sucesos que se cuentan tiene una relación importante con unos asuntos del pasado, y la documentación sobre ellos, pero podría perfectamente suceder todo en la Italia de hoy / Italia de los 50s, sin necesidad de un Franco, una dictadura ni nada.

··········En segundo lugar, el desarrollo argumental no va por el asunto histórico de fondo (un tema de milagrería, abogados del diablo, espíritus maligos, …), sino por una expresión concreta en la actualidad. Así que casi todo el metraje es una historia de mujer asustada en una casa encantada, con ectoplasmas que ululan o hacen ruidos de juegos infantiles por la noche, dan golpes en las puertas y de vez en cuando se corporizan en delicadas niñitas de rizos rubios y trajes de época. En fin, nada especialmente interesante, con Ana Torrent en su perpetua cara de tristeza y susto vital.

··········Además, se comete un error que viene siendo muy habitual últimamente en todo el género, que es reunir, venga o no a cuento, elementos de las películas de miedo que se han hecho famosas. Así, en una peli como ésta, que va de espíritus, en un momento dado se corporiza un elemental y, cáspita, tiene la misma dentadura que el Alien de la Nostromo; o, dado que hay una capillita con exvotos de cera de miembros varios, en un momento dado éstos se juntan y en plan transformer se convierten en una especie de araña mecánica. En fin, ideas completamente fuera de lugar; tanto que ninguna de las dos se desarrolla, ni esos dientes muerden, ni la araña de exvotos va a ningún lado, ni vuelven a salir ésta o aquellos.

··········La otra idea, la que podría tener más interés, de la élite de la Iglesia Católica guardando cierto secreto (que a algunos les recordaría a lo del códice de Da Vinci, pero que tiene un antecedente mucho mejor en un cuento de Villiers de l’Isle-Adam sobre el secreto de San Pedro, puesto en juego en una partida de cartas) , en este caso sobre los milagros, no se desarrolla apenas. Aparte de la inconsistencia de que si alguien inteligente quiere documentar algo para unos escasos ojos de gente iniciada, el último esquema que utilizaría es el del enfático y populista No-Do, que es justo lo contrario.

··········Al acabar, unos golpes de humor (en una peli con tan poco de eso) en los títulos de crédito (ningún elemental sufrió daños en la elaboración de la película, y todos los elementales eran mayores de una venerable edad). Pero, ¡canallas!, la casa de Montepanarras acaba ardiendo como Manderley. Así no hay manera de que las metáforas le duren a uno más allá de tres párrafos.

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