··········Sin grandes despliegues, un buen documental que, moviendo la cámara a un lado y al otro de la frontera entre Melilla y Marruecos, y hablando con apenas cuatro contrabandistas, es capaz de contar bien lo que hay, y de apuntar a la vez las razones y las posibilidades de los protagonistas.
··········Cada uno de ellos ha tenido otras posibilidades teóricas de vida. Pero todos saben que solamente con el contrabando consiguen el nimio nivel de vida en el que están. Aunque cuenten lo mal que lo pasan (especialmente el paso, el estar en la cola, el encierro en el pasadizo de la frontera entre centenares de personas apretujadas), no lloriquean. Y hay un cierto orgullo proletario en el ganarse la vida, en poder mandar al chaval al colegio, levantar cada varios meses una pared más de la casa, conservar la fuerza física bastante a los sesenta años.
··········Me gusta la cámara en la frontera. Las bien mezcladas tomas de alrededores, carreras, colas, peleas, tomas robadas de exacciones y agresiones policiales (marroquíes, eso sí) y las grabaciones de las conversaciones con los contrabandistas, montadas sobre su propio movimiento continuo de gente ocupada, nada de contarle a la cámara.
··········También lo que se aporta sobre la condición de la mujer, el marido que se va y escoge a qué hijo se lleva, la golpiza a la que se queja en la cola a cargo del chulito mafiosillo, con el silencio de todos. Y el intermediario valorando que aunque él también las explote, las hace reír y charlan un rato (mientras él se paga la boda).
··········Mi oído no distingue (qué tontería, es mi ignorancia) si es árabe o cherja lo que hablan. Pero siempre es curioso fijarse, en los idiomas sometidos a la cercanía de otros, qué palabras se toman para el propio. Estos cherifeños dicen “contrabando” y “pobres” en el idioma del otro lado, de la fortaleza europea.