··········Hay tres elementos que se conjugan para que yo no acabe de entender bien esta peli. El primero no tiene remedio, porque es el estado de mi cabeza. En segundo lugar, se toman decisiones sobre la narración que hacen que sea poco clara. Por ejemplo, en un momento importante, en que se sirven dos vasos de leche, uno de ellos con veneno, la cámara se niega a bajar a la altura de los vidrios para evitar que veamos cuál; es una opción, lo que pasa es que los futuros bebensales, valga el palabro, sí que miran, lo que genera una notable confusión sobre el grado de conciencia del uno y la otra sobre lo que va a pasar a continuación. No es el mejor ejemplo; pongamos otro relativo a los continuos cambios temporales: En beneficio de la historia desarrollada como un viaje personal de la protagonista, se usa el efecto cinematográfico de que la visión de un espacio (una habitación concreta) levante de la memoria unos sucesos que allí tuvieron lugar y que se representan ante nuestros ojos, a la manera de un flash back anclado en la mirada de quien ve la habitación. Habiéndose usado ese recurso, y otros similares como la superposición de viajes en autobús que corresponden a momentos distintos de la historia, supongo que para reforzar esa sensación de viaje de aprendizaje, resulta especialmente confuso que cuando nuestra protagonista llega a la casa del comisario Bardem (no recuerdo el nombre del personaje) y mira por la ventana, las imágenes que ve se correspondan con el tiempo real y no sean un memento de lo allí ocurrido antes (que tendría más sentido para explicar la conversación en el reformatorio).
··········Pero es que, en tercer lugar, me parece que hay cosas directamente mal escritas. En esa misma escena en que la protagonista asiste a una conversación entre su amiga y el comisario a través de una ventana, la guaraní descubre el cuadro de la pared, lo reconoce, lo asocia a su drama personal, lo llora… cuando en realidad ha tenido que ver ese cuadro en esa casa al menos una vez antes, porque ése ha sido el hilo por el que la pituca y el Vasco han descubierto que podría estar ahí. Otro ejemplo sería el “ahora que todo se soluciona” (o algo parecido) que le espeta la guaraní a la pija en la entrevista del reformatorio; supongo que intenta dar información sobre el proceso sentimental de la guaraní –que pueda considerar positivo liberar a su amiga de su amor (¡o a ella misma!), por vía del encarcelamiento- pero resulta una frase incomprensible si uno intenta pensar en esa muchacha como en un ser real y no un personaje: quién diría que las cosas se solucionan cuando se abisma.
··········Estas deficiencias que creo apreciar en la escritura del guión (y que, releyendo, tan mal he explicado) son similares a las que veía en otra película de ella, Puenzo hija, “XXY”, mucho más interesante que ésta.
··········Otra cosa más que me molesta: a ratos, el sonido es pésimo. Hay fiestas, movimientos en autobús, … en las que me resulta imposible saber lo que se está dialogando.
··········Dicho todo lo cual, dejo claro que si me molestan tantas cosas es porque la película me resulta interesante y sugerente. Por una parte, por el relato de un amor desigual (¿pero hay amores iguales?) y las muy desiguales expectativas que sobre una relación dan las posiciones de clase social y las experiencias previas. Por otro lado, la historia en sí del niño pez, la transmutación mítica de un suceso que enlazaría el dolor y la culpa, en un sentimiento de anclaje, de benemérita atracción desde la sima, que otorga una cierta esperanza de descanso futuro e infinito, aunque los humanos –se sabe- sólo soportamos el fondo de las aguas cuando estamos ya muertos.