··········Hay veces que cuando me toca escribir mis dos párrafos sobre ciertas películas, lo que me sale de los dedos es empezar dando explicaciones sobre por qué he ido a verla. Me vigilo, pero no siempre lo evito. Albacete y Menkes me hicieron reír algo, o me parecieron sugerentes con las tres primeras: “Más que amor, frenesí”, “Atómica” y “Sobreviviré”. Pero esto, ¡valgame el cielo!
··········Por lo pronto, no tiene gracia ninguna. En esas tres citadas (las tres siguientes creo que no las vi) había un tipo de humor grotesco, de personajes excesivos, ropas disparatadas, fraseología… más de la movida y de lo almodovariano que de lo que se llamaba la nueva comedia madrileña. Las contadas veces que aquí se intenta algo gracioso, con el personaje de Alejo Sauras, se fracasa.
··········Tampoco la historia tiene el ritmo rápido, de elaborada construcción de las dos primeras, sino que salvo cuando se llega a la catarsis final –una muerte-, las demás secuencias de desamores y pastillas pueden alterarse en el orden sin mayor perjuicio, porque los personajes van moviéndose de sitio y de relación sin despeinarse (o al revés, enfáticos como buenos adolescentes con trienios, pero de su propia mismidad más que por lo que les pasa). En ese contexto, un vago apunte social sobre un padre beodo en paro no es capaz de centrar un poco la historia.
··········En una película con tanta química psicotrópica, lo verdaderamente alucinante, lisérgico porque parece un viaje en el tiempo a los sesenta, es oír a una chica tener que explicar que no es lesbiana, sino que se acuesta con chicas, o que el chico que va a morir (y que le deben haber dicho que se pase la película con una contractura en la espalda y la cara torcida, poniendo cara de Cristo a punto de ser subido a la cruz, -con música de Purcell, los muy blasfemos-) diga que lo que le pasa es que es gay y la Iglesia no le acepta (¡la Iglesia!, ¿irá a misa al salir del rave?) y que tiene que hacer algo para cambiar la sociedad y el mundo (transferirse a Stonewall, supongo), en una escena patética con una mariliendres.
··········En definitiva, ni desmelene ni desparrame, que eran marcas de fábrica. Salvando que en la tele no salen mucho las drogas (salvo en esos reportajes de impacto de mandamos a una reportera a un peligroso lugar lleno de camellos) ni los cuerpos desnudos (aquí: un cilindrín, dos culos y seis tetas), el nivel del argumento es de los de teleserie sin humor.