··········Iba yo con miedo, porque más de dos horas de Kusturica, con esa mezcla de simbolismos complejos, música de pachanga callejera zíngara y esa falsa alegría balcánica que a mí no me parece sino la suma de nacionalismo, alcoholismo y machismo, son siempre un riesgo (sin perjuicio de que rara vez llego a arrepentirme de ver sus películas… y rara vez las vuelvo a ver).
··········El caso es que me divierto un montón, relajo mi escasa musculatura interpretativa y me entrego al disparate con la misma ilusión que cuando ve uno a Laurel & Hardy. De hecho, ése se me antoja el mayor parecido de esta peli durante buena parte del metraje, aunque también me recuerda a lo que hicieron los hermanos Fesser con Mortadelo y Filemón.
··········Claro que también está la reivindicación de la simplicidad paleta frente a la ciudad corrupta, sucia, violenta, triste. Y hay las andanadas contra Estados Unidos, la Unión Europea y esa némesis que tenemos a medias, la OTAN, y su peculiar método de expansión de la democracia a través de los bombardeos. Pero en conjunto me parece que lo que hay son ganas de reírse haciendo una película. Hay momentos en que alguna actriz parece estar riéndose fuera de guión.
··········Esa voluntad de pasarlo bien está asimismo en secuencias metidas con calzador (como “Taxi Driver” o un karaoke). A veces, hay movimientos de los personajes de una escena a otra que serían absurdos, tan pronto se huye como se combate, se esconden como provocan sin que medie una mejora de la posición o las expectativas. Parece como que simplemente a alguien se le ocurre una escena divertida, se filma y ya se montará donde quepa. Y lo contrario: de hecho, en las sinopsis oficiales hay escenas que luego no aparecen, como la venta de la vaca.
··········Pero ya digo, esas cosas no me suponen ningún problema. La acción va rápida y disparatada; los personajes tropiezan, se balean –sin muertos-, botes de pintura caen de los andamios, los besos son un juego divertido, los materiales son kitsch, el campo está hermoso y brillante, hay un mcguffin volador y el final es feliz. Quizás se estropea algo el ritmo hacia el final, al hacer converger la acción en una vuelta al pueblo que obviamente es para acabar la historia, y sin embargo se prolonga un buen rato.
Etiquetas: serbocroata