La antena
··········Dos de las cosas que más me gustan en la oscuridad de la sala de un cine son que me sorprendan y que quien me cuenta sepa usar un lenguaje específico del cine. “La antena” tiene ambas cosas.
··········Se trata de un cuento de un tono casi infantil y de un contenido que, siendo más adulto, es un tanto simplón, apenas un trazo grueso sobre lo malos que son los medios y la importancia de la libertad real de información y de la de expresión. Esta simplificación de un tema tan rico es casi lo único que me desagrada de esta película, junto con algún elemento simbólico un tanto fuera de lugar (una esvástica en el campo de los malos que priorizan su riqueza sobre las libertades de todos –como si fuera algo específico del nazismo-; una estrella de David en uno de los elementos de lucha por la libertad –cuando no parece un pueblo que se haya caracterizado por la resistencia-).
··········Pero me gusta mucho el uso de, digamos, la memoria del cine. No es ya un homenaje a Melies o al expresionismo alemán, sino el uso consciente y explícito de esas artes, cuando ya no es una manera obligada de contar por el desarrollo de los medios, sino una elección: como quien para declararse a una chica hoy día elige la métrica del soneto y palabras que no se usan desde Garcilaso. El lenguaje utilizado es siempre parte de lo comunicado, y aquí ayuda mucho a poder contar un cuento de manera no pueril sin que uno se sienta incómodo ni infantilizado.
··········Además, aunque lo ignoro, casi seguro que hay que estar muy capacitado en conocimientos técnicos complejos para según que efectos, aunque parezcan antiguos.
··········Si uno no ofrece resistencia, es fácil quedar atrapado y, aún siendo consciente de que se anda cerca del borde del barranco de la cursilería, uno no llega a despeñarse.
··········El capital sólo puede funcionar eliminando la competencia y extendiéndose a todas las facetas de la vida. Mercantilización, mercantilización. La televisión, como el alimento han de llegar a todos y uniformarles, como “1984”. Me gusta pensar que el diablillo encerrado en su urnita de cristal es el propio mercado, y por eso no puede parar de brincar, y por eso no admite otra regla que él mismo.
Etiquetas: castellano