Shmona esrim v’shmona / Ocho veintiocho
··········De esas películas que me gustan sin acabar de ver bien por qué. Realmente, es un tanto localista (nada es localista si está bien explicado, claro), porque es difícil entender bien la historia de que uno deba desvincularse del kibbutz a una edad concreta si ya no vive en él, y sobre todo porque se habla de unos cambios radicales de los que nosotros sólo vemos que hay trabajadores hispanos, tailandeses y rusos contratados, sin que sepamos a qué se debe (¿abandonos masivos del kibbutz?, ¿incremento de la producción agraria?). Y hay un tanto de artificiosidad en mostrar una lejanía de la comunidad cuando parece estar esquivándose a propósito mostrar a las personas de su grupo de edad.
··········Pero sin embargo, me resulta muy agradable. La música, aunque algo repetida es bonita y apropiada. La cámara parece a menudo mirar donde no debe (como la persona que tiende a mirar al suelo antes que a los interlocutores) pero ve mucho. Hay un humor suave y continuo. Un montaje cuidado, que sigue al narrador (“de mi casa salen siete caminos…” o “mientras mis padres estaban en el comedor colectivo, yo jugaba delante, o detrás o a los lados…”). No ocultar algunas reacciones ante la cámara, dejando claro que él y ella están juntos en su vuelta al kibbutz. Los detalles, que son los que construyen la memoria. Las trampas de la relación de las cosas con la memoria (esta fue mi casa, aunque para fulanito es la casa de cuando se casó, para menganito es la que usó cuando..). No sé, mucha simpatía.
··········Y la autocrítica sobre cómo se construye el recuerdo (¿dormía el narrador de chaval en la casa de sus padres o en las casas comunales de los sucesivos niveles escolares?), y el relativo cinismo de envidiar al anciano judío centroeuropeo que perdiendo ya la memoria cercana sigue recordando las canciones infantiles e Ucrania o Polonia, cuando en realidad el narrador está haciendo un mediometraje con esos recuerdos de infancia.
Etiquetas: hebreo