Es un gran mérito adaptar una novela como ésta al cine, en realidad creo que es un mérito adaptar cualquier cosa que haya escrito Ian Mc.Ewan a cualquier otro medio. Porque lo que hace este señor es manejar absolutamente las palabras, dominar la escritura para que exprese, de manera puramente literaria, detalles, emociones, confusiones y pensamientos íntimos y sutiles que parecería imposible expresar de esa forma. Para mí sería lo que Medem a la imagen (en cuanto a habilidad), por decirlo de alguna manera: alguien que construye con las herramientas específicas de su medio o su arte. Por eso para empezar me sorprende que alguien se atreva a adaptar esta novela al cine, viendo además lo que ocurrió con “Amor perdurable” (un quiero y no puedo que perdía toda la brillantez del libro).
Igual que me pasó al ver “Las horas”, percibo en las imágenes de esta película un montón de capas superpuestas de sentido, donde nada es casual, de manera que, como decía Lolo Rico respecto a “La bola de cristal”, es como un bizcocho de varios pisos y según el tamaño de tu boca podrás morder más o menos, pero todo está ahí.
Es cierto que, al igual que me pasó con el libro, toda la primera parte es interesantísima y cargada de matices y sugerencias, mientras que a partir de la Batalla de Dunquerque (creo) todo va cuesta abajo, se pierde el interés y la historia se convierte en un acto de expiación sin mucho atractivo para mí (excepto Vanessa Redgrave, claro). Toda esa parte de guerra se hace muy lenta, falta de ritmo, y aburrida: no es eso lo que me estaban contando o por lo menos no es lo que a mí me interesa de lo que me están contando. Recupero el interés en la escena del reencuentro (ficticio) de las hermanas, donde otra vez descubro ese dominio de la imagen y la sensación que provoca (donde se mezcla la realidad y la invención, y donde justamente se percibe esa invención en la mirada desde la que nos muestran la escena, la de Briony, cuya percepción de las cosas ya sabemos cómo es). Y es también en esta escena donde vuelvo a recordar “Las horas” y esa manera de presentar los objetos, de hacer que les prestes atención sin hacer primeros planos subjetivos (las sábanas, la cortina y la luz, la mesa, el aire cargado).
Brillante la escena de la fuente, base de toda la historia, rodada de manera inteligentísima, justamente la escena más imposible de reproducir en imágenes. Y sin embargo, qué inquietud consigue cuando vemos con los ojos de Briony, qué justificación a todo lo que ella interpreta después, qué erotismo mezclado con desasosiego, qué extraña escena.
Muy bien también la escena del polvo en la biblioteca (y cómo se agradece después de ver lo que ha hecho Alex de la Iglesia con Leonor y unos espaguetis), me gusta la luz, los planos, la interpretación de los actores, la respiración, la materia (no sé cómo explicarlo, perdón).
Me gustan bastante los actores: muy bien el prota (el médico en “El último rey de Escocia”), una especie de Russel Crowe pulido y con clase, elegante; y bastante bien ella, tan lánguida y a la vez tan nerviosa, aunque dan ganas de darle un bistec. También Briony de niña es perfecta, menos interesante de adulta.
Por último, la música. Muy bien utilizada, como un elemento narrativo más, consigue marcar un ritmo de las mentiras, hacer presente la mezcla de realidad y literatura a través de una percusión de máquina de escribir que a ratos se hace un poco repetitiva pero que desde luego es original y te mete en la narración o más bien forma parte de ella.