Mogari no mori / El bosque del luto
Lunes, 31 Dic 07··········El medio en el que se desarrolla la historia (da nosequé decir “paisaje”, porque no es una ilustración de fondo) es hermosísimo. Arrozales donde el viento dibuja ondas, un jardín de densísimos setos, y el bosque, claro. Tampoco es que filmen con contraluces púrpuras para que hagan bonito. Es más bien una belleza natural, creíble y envidiable.
··········Como historia, sin embargo, no acaba de llenarme. Me gustan, a menudo tontamente, las historias sobre la gestión del duelo por la pérdida de otros humanos. Mi problema aquí es que no he llegado a conectar con el dolor del anciano (¿qué hay en treinta y tres años de cuadernos?, ¿cómo fue la relación con su mujer?, ¿qué hay en el espacio entre su viudez y la senilidad que nos cuentan ahora?) ni con el de la asistente Machiko (un dolor tan terrible como el suyo, pero no expresado en nada, …, a menudo parece simplemente una chica tímida). Por ello, el encuentro –por dos veces y en dos formas muy distintas- con la mujer muerta, y las ceremonias de la catarsis del luto que arrastran ambos no llegan a emocionarme como yo mismo deseara.
··········Confieso además, aunque sea banal, que unas mismas palabras repetidas en grito, seis veces por minuto, por una voz aguda, una y otra vez, una y otra vez, llegan a ponerme muy fastidiado.
··········Pero basta el paseo (¿la pregrinación?, ¿la procesión?) por el bosque, la luz cambiante del verano, la lluvia, la fuerza del arroyo, …, para haberlo pasado bien.
··········Hacia la hora y tercio del metraje, en medio del bosque, aparece un momento, escondido como sólo ellos saben hacerlo, un arbol fastuoso, bello como un barco varado. Está muerto, claro, pero quién no lo está.