Chinjeolhan geumjassi / Sympathy for Lady Vengeance

By PFO

··········Aunque sea un tópico, si una película es a la vez muy esteticista y muy violenta, hay altas posibilidades de que sea coreana del sur. Me gusta mucho la primera parte de esta película. Unos títulos de crédito hermosos, unos encuadres medidos, algunas transiciones imaginativas (por ejemplo el deslizamiento de gotas de sangre se transmuta en los rojos barrotes de la cárcel subsiguiente). Y una música barroca occidental que curiosamente se relaciona muy bien con la trama.

··········En esa primera parte, además de ir presentando a los demás personajes de la trama, se va profundizando en la protagonista, en su diseño de la venganza por lo que ha sucedido, en su capacidad de simulación, en su orden moral tan heterodoxo como comprensible. Hay también una traza subterránea de humor casi continua, que me recuerda a “Old boy” (hay una tercera película, es una trilogía sobre la venganza, pero ésa no la he visto), aunque sin sus gags directamente humorísticos, como la magnífica pelea del pasillo.

··········De esa primera parte, lo que me parece que falla bastante son todas las escenas australianas. No se entiende a esa familia, ni por qué la niña vuelve a Corea, aunque sea coherente con la historia darle a la protagonista semejante capacidad de seducción. A cambio, creo que la relación con el muchacho de la pastelería matiza a nuestra Dama Venganza y suaviza el riesgo de que funcionara como un personaje de tebeo.

··········Conforme se supera esa primera mitad, o casi dos tercios, se entra en un tono menos elegante y sucede que el encadenamiento de sucesos catárticos y sobre todo la extensión de uno de ellos desequilibra un poco la película. Esa sensación de estar al borde del final y no acabar.

··········El tema es muy truculento y desasosegante, porque hay agresiones a niños, no sexuales, pero durísimas. Aunque es cierto que, viéndose mucha sangre, se evita mostrar las heridas, pero eso alivia poco. Llegados a ese punto, claro, es muy difícil mantener el tono del principio. Sin embargo es aquí donde está la sustancia del asunto, porque no se trata de que como espectador podamos sentir simpatía hacia una mujer hermosa y astuta que planea a lo largo de años su venganza, sino que obliga a plantearse la necesidad y la forma de gestionar una de las tres funciones del sistema penal: el resarcimiento.

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