··········Un tono de humor tierno está presente todo el tiempo de la película, pero no llega a hacer reír. Igual que el paisaje urbano es triste, avejentado, más cutre que sórdido, tampoco los personajes van muy allá; se desaprovecha al anciano, del profesor apenas sabemos su alcoholismo –hacia el que no hay ningún juicio ni piedad-, del periodista quizás sí algo más, basta ver cómo trata a su madre para apreciar una forma de ser.
··········Tampoco me parece que construya muy bien una historia sobre en qué quedo el levantamiento que derrocó a Ceaucescu, qué papel tomó cada cual. Apenas el apunte de que el miembro de la Securitate sea ahora un rico empresario. La verdad es que en eso me hacía recordar la España de 1975 – 1990, en que todos eran demócratas desde siempre, y nadie había tenido nada que ver con el franquismo.
··········A ratos llega a aburrirme un poco. Quizás habría sido una opción más valiente y un formato más apropiado filmar sólo los cuarenta y cinco minutos del programa debate de televisión en vivo. Realmente en él está más o menos lo que nos van a contar en total de los tres personajes (o dos y medio, porque del anciano…).
··········En cuanto a luz (grisácea, de bombillas de cuarenta watios), a ritmo (pausado), es tan de Europa del Este que uno no sabe si no será una broma sobre ellos mismos.
··········Y dos detalles simpáticos: una de esas bandas casi eslavas (tipo Kosturica y sus gitanos, toda llena de viento y metal) intentando insubordinarse para hacer música latina. Y por fin, en una película, alguien le dice a un operador que, o pone la cámara en el trípode y deja de llevarla en el hombro, o se la estampa en la cabeza (lo malo es que lo hace el personaje negativo al positivo).
·········· Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 4.
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