··········Paradigma del mal empleo de la cámara en mano. No sólo por abuso: se usa en diálogos, en trávelins, en planos generales, ¡incluso en las fotos fijas de monumentos que se emplean en el guión para indicarte que estás en tal o cual ciudad!. También por concepto: si el efecto de la cámara en mano es impostar una visión documental, un acercamiento subrepticio a los personajes y sus historias como quien estudia animales salvajes en la selva o filma una manifestación para un telediario, ¿qué sentido tiene en una película en la que toda la historia es un flash-back del personaje de Antonio Valero?; si uno está recordando –y más aún cuando, como nos dice el narrador, no sabe ya cuánto de lo que recuerda es una construcción personal sobre unos pocos recuerdos confusos- ¿qué sentido tiene esa mirada temblona, escurridiza, del reportero? Puede que sea una manía personal mía, de todas formas.
··········Por un error, voy a verla en una versión en castellano. Y pasa lo de casi siempre: ¿por qué el doblaje de las películas habladas en catalán es tan pésimo? No consigo entenderlo (y no sólo me sucede a mí). ¿Puede deberse a que a menudo los dobladores son los propios actores (en ésta al menos lo hacen Antonio Valero y Óscar Jaenada) y éstos no son expertos en doblar?, ¿o son películas con poco público y no se invierte mucho en el doblaje? Ni idea, pero chirría como no lo hace una película del Imperio doblada.
··········Pero bueno, al tema. A mí Ferrán Torrent me gustó cuando leí “Gracias por la propina”. Incluso la película que hicieron sobre esa novela no me pareció especialmente mala; la que hicieron sobre “La isla del holandés” ya me resultó mucho peor. Pero al fin y al cabo, aquélla era una tierna historia de crecimiento y siempre soy más flexible con esos temas. No sé hasta qué punto lo que falla aquí es la novela o el guión, pero el resultado es un batiburrillo sin demasiado interés.
··········Si de lo que se quiere hablar, como parece más probable, es de una fascinación en una edad formativa por un personaje que vive muy al límite, y el efecto que tiene su amistad (más bien su padrinazgo sobre el protagonista) convendría saber algo más del, digamos, corruptor. Pero, sobre todo, hace falta ver algo, un efecto concreto, en la personalidad del adoptado. Aquí hay un vago intento de relacionar ese aprendizaje con el simultáneo de adquirir conciencia social en los años finales del franquismo. Pero es un intento fracasado. Al final, esa conciencia social es acostarse con una francesa que ha estado en París en mayo de 1968 (¡¡!!) y leer libros sobre cine entre que uno limpia acequias. En fin, el interés que para mí tendría esa historia se frustra.
··········Si se quiere buscar alguna otra historia, peor. Hay una chica, claro, pero las relaciones de los dos jóvenes con ella ni se llegan a contar, ni avanzan. Sin embargo, en una de las escenas más patéticas que yo haya visto filmadas últimamente, el pobre Óscar Jaenada tiene que recitar unos versos cursis en honor a ella en medio de una partida de póker (¡!) Quiero creer que el pelotazo de alcohol que se está tomando el actor en ese momento no es de atrezzo.
··········En fin, todo razonablemente filmado, de una manera plana, sin demasiado interés puesto en ello, pero para una historia fracasada.
··········Puntuación para la bitácora de Pierre Miró: 3.
Etiquetas: castellano
Lunes, 5 Feb 07 a las 16:37 |
Desde luego, una peli tontísima. No tiene ningún interés, ni los personajes, de los que no se cuenta nada, ni la historia, tal vez porque no hay. Malísimo el chaval que hace de Antonio Valero de joven y patético su personaje, un pusilánime que no hace nada, ni piensa nada, ni sabe nada ni evoluciona nada. Se deja llevar y me intenta hacer creer que eso es una decisión suya. Oscar Jaenada, que va a acabar como Resines, Juan Diego, Jorge Sanz, etc., haciendo de sí mismo siempre: chulo, imprevisible, galán y peligroso. Qué rollo. Qué mal la voz en off, que puestos a ser tan literarios me habría leído el libro y punto.
Ni la chica, ni el moro con la tarta, ni los padres, ni la redada: no pasa nada, no te cuentan nada, no te dicen nada.
Qué tontería y qué sin sustancia, una pérdida de tiempo